CUANDO la fiebre nos aqueja por una gripe o las muelas nos duelen a rabiar nos acordamos de lo importante que es para nuestras vidas la salud. Volvemos así a ponerla en el pedestal del cual la bajamos diariamente en aras a otros intereses menos patentes. Es decir, gracias a la crisis catarral o molar replanteamos nuestros valores y nuestras futuras actitudes. Asimismo pasará ahora con la presente Crisis Económica (Sí con mayúsculas, sí).
Ahora, con estos malestares y estos sinsabores que nos van a acuciar, habremos de intentar dilucidar ¿Cuáles son las cosas verdaderamente importantes? Sin apenas darse cuenta, algunos recuperarán el goce por las baratas caminatas frente a los paseos con palo de golf en ristre; otros disfrutarán de los sabores caseros de la tartera laboral frente al hormonado menú de la esquina; la ropa de fondo de armario -la de siempre- ganará terreno a la moda del quita y pon; los coches irán más despacio y ganaremos en seguridad; menos ocio frenético de viajes sin ton ni son y más lectura pausada…
Ante la renovada búsqueda de las esencias: perderán los asaltantes de caminos que gerencian esos restaurantes que parecen comederos de piensos con formas; perderán las tiendas de fruslerías sin contenido; perderán los infinitos profesionales de pacotilla; perderá todo ese mundo de pretensión y apariencia que ha prosperado últimamente… ¿Y qué? ¿Perderemos realmente algo porque esas cosas desaparezcan?
Comparémonos con quienes nos rodean: 5.500 millones de seres viven peor que nosotros los occidentales. Para ellos el capitalismo no ha supuesto ninguna ventaja, sino al contrario: vivían más tranquilos y mejor sin nuestra ayuda. Si por lo que parece nuestras aparentes ventajas se empiezan a desvanecer (semana laboral de 65 horas, ¿medicina gratuita?, ¿jubilaciones?). ¡Menudo camino hemos recorrido!
La auto psicoterapia ha de consistir en empezar a pensar en que un mundo tan injusto no es conveniente para la buena salud de la humanidad, algunos nos habremos de conformar con menos para que todos puedan tener algo. Vivamos más sencillamente para que, sencillamente, otros puedan vivir. Caminemos más, cocinemos más, hagamos durar más la ropa, leamos más… Despilfarraremos menos y, además de sentirnos mejor con nuestras conciencias, viviremos más tranquilamente.
Ramón Doria Bajo