Desde finales del siglo pasado, el mundo de las corporaciones se ha ido adueñando de todo lo que ha podido: política, investigación, justicia, sanidad, ejército (sí, ejército). En este momento, las instituciones que representan a multinacionales y corporaciones mantienen una hegemonía que empieza a ser como undeja vu para un europeo.A nivel económico vivimos una situación de falta de libertades e impotencia parecida a la que se vivía en los países del Este, en la que la toma de decisiones que tienen importancia para todos, tanto a nivel ético como de supervivencia, se toman sin el voto de los ciudadanos... En el que la falta de transparencias en las decisiones es total... En el que los intentos de queja son reprimidos brutalmente. Si partimos del hecho conocido de que las políticas económicas las dictan las corporaciones multinacionales a través de sus lobbys, las cuales sólo se rigen, no por los derechos humanos o la justicia, sino por maximizar los beneficios para favorecer a unos pocos, vemos que hoy se puede hacer la misma crítica al capitalismo actual que la que se hizo en su momento a la Unión Soviética y que forzó su caída, esto es, que no respetaban los derechos humanos, eran antidemocráticos, represores de toda crítica y opacos en sus decisiones.
Yo creo a Susan George, a Michael Moore, a las denuncias en el cine contra EEUU y sus corporaciones... ¿Por qué? Pues por las cifras. Leyendo las estadísticas del hambre que da la ONU y comparándolas con los beneficios que publican las propias multinacionales y bancos, comprobamos que estamos siendo engañados y manipulados. La opacidad, la farsa y la ausencia de ética son la regla y no la excepción en el Partido Corporativista Multinacional , como debió ocurrir en la Alemania de los 30.
La política ha dejado de actuar con el argumento, ya empleado por cualquier poder totalitario, el nazismo por ejemplo de que la ideología dominante es un dogma (el mercado y el lucro) incompatible con los Derechos Humanos, la solidaridad o la ecología. Un dogma sólo se puede mantener por la fuerza y el miedo, como vimos en La vida de los otros , construyendo estados policiales e insolidarios a través de una propaganda continua muy estudiada pagada por los que están en el poder.
Todo esto es muy sospechoso. Si leemos el informe Lugano y vemos lo que pasa con el precio del pan e el mundo, empezaremos a sospechar que no sólo se trata de beneficios, que existe la posibilidad real de estar usando el poder totalitario de estas corporaciones para acometer una solución final al problema de los que no pueden consumir lo suficiente como para maximizar los beneficios.