L cónclave del PP concluye hoy como todos los congresos a la búlgara . Es decir, con Mariano Rajoy reelegido presidente con holgura ante la ausencia de contrincante, pese a recabar anoche el menor respaldo (84,24%) desde la refundación del partido en 1990. Todo un alivio para el gallego, al que su mentor en 2004, José María Aznar, se las ha hecho pasar canutas tanto el viernes (en su enésimo ejercicio de arrogancia, llegó tarde para erigirse en el protagonista y dedicó al que nombró su sucesor un gélido estrechamiento de mano) como ayer mismo (comenzó recordando a los damnificados San Gil, Ortega Lara, Acebes y Zaplana; proclamó que el PP ya es un partido de centro y ordenó al candidato que no pacte con el nacionalismo si antes no gobierna y que no se avergüence "de nada"). Prueba superada pues para Rajoy, acosado desde el 10 de marzo por el sector más reaccionario de su partido y de los medios de comunicación nacionales, que afronta una prórroga de tres años para ganar la credibilidad perdida tras dos sonoros varapalos electorales. Está por ver ahora la destreza de su nuevo equipo -con la poliédrica De Cospedal como baluarte- para volver a cohesionar a todas las corrientes internas, una tarea ardua por el patente malestar de Esperanza Aguirre. Y también deberá acreditar si realmente le asiste capacidad personal suficiente para erosionar a un Zapatero que, agotado el talante, empieza a sufrir un clamoroso desgaste por su sempiterna inconcreción discursiva y por los evidentes efectos de una crisis que sigue edulcorando para desazón de la ciudadanía. Rajoy volverá a examinarse en 2011, cuando los populares designen a su candidato para las generales de un año después, ante, al menos, las alargadas sombras de Camps, por su predicamento entre las bases y su éxito en Valencia, y Gallardón, por su tirón allende el PP. UPN, pese a su condición de socio, poco tendrá que decir en aquello, como tampoco sobre lo que se ha dirimido en estas horas. Su ascendente real sobre las cuitas de la sede de Génova resulta nulo, como nulas son las opciones de desmarque efectivo del PP que tanto ansía el PSOE. Y no será porque Zapatero no porfíe, que entregó el Gobierno foral a UPN y luego selló el vigente pacto presupuestario y Plan Navarra 2012 . Vana esperanza, esfuerzo estéril.