valencia. El presidente del PP, Mariano Rajoy, clausuró ayer el XVI Congreso Nacional del partido con una intervención en la que dio por superada la situación interna que ha vivido el partido en los últimos tres meses y anunció una etapa de oposición "exigente" a un Gobierno "desconcertado". Lo hizo ante los compromisarios del Congreso que el sábado avalaron su candidatura con un importante voto de castigo y a los que garantizó que el partido vigilará que el Gobierno "no vuelva a las andadas" en la lucha contra ETA.
Rajoy realizó estas declaraciones en su primer discurso como nuevo presidente del partido -fue elegido con el 84,24% de los votos- ante la plana mayor del PP, entre la que se encontraba también el ex presidente José María Aznar, al que agradeció que le hubiera dado "su segunda oportunidad".
ausencias El líder popular, frente a un plenario abarrotado pero que comenzó a dejar asientos vacíos cuando inició su discurso, vendió centrismo y diálogo: "El que no se entienda conmigo, será porque no quiere". Además, se permitió un gesto de vencedor hacia el sector crítico: "No voy a prescindir de nadie. Necesito a todos y, con la mayor humildad, solicito la ayuda de todos". Sin embargo, algunos de los más de 400 compromisarios que el sábado no le otorgaron su confianza, mostraron su malestar, entre ellos, la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, y dos de sus hombres fuertes, Ignacio González y Francisco Granados, ausentes en el acto.
Rajoy no quiere ser el presidente de un partido aislado, como en la crispada legislatura anterior, sino el líder de una oposición dialogante. "Seremos exigentes y constructivos. Buscaré acuerdos hasta donde sea posible". Y el hasta donde sea posible incluye, como ya señaló el día anterior, a los nacionalistas. "Sobre todo somos un partido de gobierno, no aspiramos a menos", señaló sin ocultar que la nueva estrategia del PP apunta a un intento de aumentar el caladero de votos y de llegar a acuerdos con formaciones políticas que posibiliten su retorno al poder.
El giro hacia posiciones más moderadas, no impidió a Rajoy recupera su labor de oposición, aparcada por la crisis interna del partido. De hecho, dedicó la mitad de su discurso a criticar al Gobierno, especialmente, en lo relativo a la recesión económica. "Nosotros sí sabemos enfrentarnos a una crisis", subrayó a este respecto.
El presidente del PP se ofreció como la alternativa que España precisa frente a un Gobierno "timorato", que además "ha engañado" a los españoles al negar que existe una crisis económica. A su juicio, el Ejecutivo "no puede solucionar nada y menos la situación económica porque no sabe qué hacer". "España nos necesita", insistió.
Aunque tendió la mano a acuerdos con el PSOE en el modelo de las autonomías, la protección social y la economía, se pronunció con dureza contra la gestión del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. "Hay que ver lo que ha cambiado España en los últimos dos meses", dijo Rajoy al tachar el momento actual de "complicada situación económica". A su juicio, el Gobierno nació para gobernar en la bonanza, cuando todo era fácil, "por eso ahora no está preparado para afrontar dificultades".
El presidente del PP recuperó el tono duro para referirse a la lucha antiterrorista, y, tras prometer apoyar todas las medidas del Gobierno que conduzcan a la derrota del terrorismo, advirtió de que el PP estará "muy vigilante para que no se repitan los errores del pasado".
Rajoy se enfrenta ahora al desafía de probar el giro al centro va en serio y de contener a un sector crítico molesto por su exclusión de los órganos directivos y la espera del congreso de 2011. >agencias