Así salí de allí, profunda, muy profundamente decepcionado, supongo que como la inmensa mayoría de la gente que fue a ver al mito. Entiendo que la gente, así en general, fuera a ver al mito, pero yo, no. Yo vi a Bob Dylan, 67 años, no me extenderé en calificar su obra, porque se califica por sí sola. Yo, si mañana renacieran Jacques Brel, John Lennon o quien fuera y vinieran al Anaitasuna, no iría a verles, a no ser, que no es el caso, que me gustaran lo suficiente por sí solos como para pagar 53 euros. Seré muy friki, pero no me gusta ver mitos, me gusta ver cantantes, pero no oso ni osaré jamás cuestionar a quienes, yendo a ver al mito, salieran de allá con sensación de ¿y esto es todo? Todos, incondicionales o no -los incondicionales no tenemos problema alguno en señalar cuándo Dylan no ha estado bien-, tenemos el mismo derecho de ir y de dar nuestras opiniones. A mí me pasó lo mismo -¿y esto es todo? -, pero por muy distintos motivos. Hubiera estado allí hasta el fin de los días escuchando grandes éxitos uno tras otro, esos grandes éxitos que Dylan se guarda bajo el sombrero en cada concierto y que suelta como perlas con cuentagotas, rodeados por temas de sus 2 últimos discos (el martes, concretamente, 9 de las 17 canciones) que, salvo la majestuosa Workingman's Blues, no son canciones para directo, son temas que no emocionan como lo hacen otras y que incluso, como Nettie Moore o Ain't Talkin , sencillamente, aburren cuando van consecutivos. Pero Dylan, como ha hecho siempre, no vive única y exclusivamente del pasado, sobre todo si tiene discos recientes (los conciertos del 98, 99, 2000 y 2001, sin más discos recientes en el mercado que el magistral Time Out Of Mind , eran geniales, bombazo al corazón tras bombazo al corazón).
Yo hubiera dado lo que fuera por escuchar Visions, oDon't Think Twice oTo Ramona o Like A Rolling Stone o It' Aint Me Babe y así una lista de 80 o más temas que se te cuelan en los huesos y ahí se quedan para siempre. Lo hacen los Stones. Vas a un concierto, escuchas 20 grandes éxitos perfectamente engrasados, disfrutas, vas al día siguiente y suenan los mismos 20. Igual de lícito que lo que hace Dylan, pero, siempre a mi juicio, con menor valor. Una fábrica de hacer chorizos, aunque sea de pata negra. Pero no los oí, las decenas de temas de Dylan que pueden -y él lo sabe mejor que nadie- poner el pabellón boca abajo. Por eso salí tan profundamente decepcionado como profundamente agradecido por haber estado allí viendo a Bob Dylan, cantante, músico y compositor, en el mejor concierto que le he visto desde 2001. Y he visto cuatro, dos en 2004 y dos en 2006. Y no el mejor porque fuera en casa.
Porque elLove Minus Zero/No Limits (Amor bajo cero, sin límites) fue maravilloso, suave, tierno -bien, más recitado que cantado, eso ya lo deberíamos saber, sobre todo los que se dedican a esto de escribir de música, muy bien por cierto-. Porque el Workingman's Blues fue excepcional -si la traías escuchada de casa, mejor, como todo en la vida-, porque el Masters Of War -señores de la guerra- ("y esperaré mientras sois bajados a vuestro lecho de muerte, y me quedaré sobre vuestra tumba hasta que esté seguro de que estáis muertos") fue brutal, porque el It's All Right Ma (I'm Only Bleeding ) te destrozaba o porque Highway 61 fue tremenda. Y, para no variar, cerró con un Blowin' con el ritmo cambiado. ¿Y para qué cambia el tempo del estribillo? Para que no lo coreemos.
Para terminar, la molesta y dichosa y boba hasta el extremo cuestión de que Dylan ni saluda, ni mira al público, ni se pone la camiseta de Osasuna, ni dice que esta encantado de estar en Pamplona ni esas cosas que, al parecer según algunos, hacen que la música -¿pagamos por la música o para que nos saluden?- sea mejor. Miren, con todo respeto, una solemne gilipollez. Dylan y su banda acabaron y estuvieron ahí, delante nuestro, callados, mirándonos, agradeciéndonos con ese gesto que nosotros les estuviéramos agradeciendo lo que habían hecho, un gran concierto de rock and roll del año 2008. Ese gesto suyo, con Dylan emocionado y sonriente como yo nunca lo he visto -y no es fanfarronería, sólo datos, pero lo he visto 10 veces y entre todos los amigos que estaban alrededor han visto más de 200 conciertos de Dylan diferentes- resume por sí solo lo que nos quieren decir, que eso son ellos: músicos que no hacen concesiones baratas, que estarán allá arriba mientras nosotros -frikis, no frikis, debutantes, amantes de la música en general- estemos allá abajo y que, por ello, nos dan las gracias. Hay sentimientos que no hay por qué verbalizar. Profundamente agradecido, profundamente emocionado por una noche inolvidable, aunque entienda -de corazón- que para muchos sólo fuera un concierto más, una curiosidad en el currículum, aunque no para aquellos que, siendo grandes seguidores de Dylan desde hace muchos años y conocedores aproximados de lo que se iban a encontrar, le vieron por vez primera en directo. A ellos, mi envidia, si ya estabais con el virus dentro, ya nunca jamás saldrá, se hará fuerte y sano y crecerá, siempre a mejor. Enhorabuena y que el enganche sea maravilloso y para siempre.