PEKÍN. El Gobierno chino decidió ayer reabrir el Tíbet al turismo extranjero, exactamente 107 días después de que la región registrara sus peores revueltas en dos décadas contra el poder chino, reprimidas por el Ejército en plena cuenta atrás para los Juegos Olímpicos de Pekín.
La prensa china especifica que, de momento, sólo podrán acceder al Tíbet -región que vivió momentos de autonomía antes de la llegada de los comunistas chinos en 1950- turistas extranjeros que viajen por su cuenta, y no grupos.
De momento también permanecerá cerrada a la prensa extranjera y a observadores internacionales, que sólo han podido acceder en dos ocasiones desde los disturbios en viajes organizados y estrechamente controlados por las autoridades chinas.
Las autoridades chinas señalaron que el relevo de la antorcha en el Tíbet, que transcurrió el sábado sin altercados, demostró que la situación es lo suficiente "estable" como para reanudar la entrada de turistas.
Los primeros extranjeros que entraron ayer en la región desde marzo pasado eran dos suecos el próximo domingo llegarán otros cuatro singaporenses, informó la agencia de noticias Xinhua .
Pekín blindó la región tras las protestas para impedir que los tibetanos reprimidos por el Ejército explicaran a la comunidad internacional lo sucedido, según grupos críticos de activistas tibetanos que interrumpieron el recorrido internacional de la antorcha olímpica. El breve relevo de la antorcha el sábado por la capital, Lhasa, bajo un estrecho control policial, disparó de nuevo las críticas de los tibetanos en el exilio, que advirtieron de que este acto, con el que Pekín quería dejar clara su soberanía sobre la región, provocaría más tensiones.
Para suavizar la crispación, en la víspera del relevo Pekín anunció la liberación de más de mil tibetanos detenidos en las protestas, pero también la condena de un total de 42, mientras que otros 116 se encuentran en espera de juicio.
Los monasterios budistas, considerados por China semilleros de la discordia, permanecen rodeados y numerosos monjes han sido sometidos a un adoctrinamiento contra el Dalai Lama, al que Pekín acusa de orquestar la protesta, extremo que éste ha negado en reiteradas ocasiones. Los periodistas que pudieron viajar al Tíbet acompañando a la antorcha señalan que los monjes a los que preguntaron dijeron "no recordar" lo sucedido en marzo. >efe