pamplona. La cifra de personas que el pasado año acudió a los centros de Proyecto Hombre Navarra con problemas relacionados con el alcohol casi duplicó con respecto a 2006 mientras que el consumo de opiáceos (principalmente heroína), que ya presentaba una tendencia descendente desde hace varios años, sufrió una notable caída, de un 24% a un 7%. La cocaína mantiene su línea ascendente y continúa siendo la sustancia principal que genera la demanda de tratamiento tanto en el Centro de Día Aldatu (el 43% de los usuarios) como en la Comunidad Terapéutica Lizarra (el 55%). El perfil del usuario sigue siendo mayoritariamente masculino con una edad media que ronda los 35 años y se aleja del estereotipo de estilo de vida marginal y desestructurado, es decir, son mucho más "normalizado".
La Fundación Proyecto Hombre Navarra presentó ayer en rueda de prensa la Memoria de actividades del pasado año, en el que fueron atendidas 484 personas, 42 más que en 2006. Del total, 320 precisaron tratamiento ambulatorio en Aldatu mientras que el resto (164 personas) fue derivado a la Comunidad Terapéutica si bien menos de la mitad tuvo que ser ingresada en la residencia situada en Estella. La cifra de nuevos ingresos se incrementó un 16% con respecto a 2006 (de 72 a 73 en la Comunidad Terapéutica y de 119 a 150 en Aldatu ) y también creció el número de altas terapéuticas (de 60 a 78).
El fenómeno del abuso y adicción a las drogas evoluciona: cambia el perfil de la persona que las consume, el contexto en el que lo hace así como el tipo de sustancia, tal y como expuso ayer la subdirectora técnica de los programas de atención de la Fundación, Cristina Gómez."En los últimos años hemos observado un paulatino descenso en el consumo de heroína, un aumento en el de la cocaína y una mayor percepeción de riesgo hacia el alcohol", explicó Gómez, que señaló que "se ha incrementado la demanda de tratamiento por estas dos últimas sustancias". Así, en el Centro de Día Aldatu un 83% de los usuarios presentó problemas con la cocaína o el alcohol mientras que en la Comunidad Terapéutica un 55% de las personas consumía estimulantes (principalmente cocaína) y un 37%, alcohol (lo que supone casi el doble que en 2006).
Por el contrario, el consumo de heroína continúa su tendencia descendente y con la importante caída registrada el pasado año se queda en un porcentaje muy reducido, un 7%. "En la residencia nueve de cada diez de los atendidos tiene como sustancia principal estimulantes o alcohol y este perfil está alejado del estereotipo tradicional de consumidor de heroína con estilo de vida marginal y desestructurado", señaló Itziar Garayoa, subdirectora de la Comunidad Terapéutica.
la mayoría, hombres La mayoría de las personas atendidas tanto en el ambulatorio como en la residencia es hombre (entre un 79% y un 86%), la edad media son los 35 años y un 64% está en activo. "En los estudios de consumo hay también más hombres que mujeres pero es cierto que a ellas les cuesta más acudir a los centros", señaló Garayoa, que indicó que "en el centro se hace un esfuerzo para que la mujer se identifique y venga". Y es que aunque es cierto que los hombres consumen más también están aumentando las mujeres que se acercan a las drogas.
En lo que se refiere al modo de acceso al servicio los porcentajes están bastante repartidos aunque destacan los servicios de salud (casi cuatro de cada diez), familiasres y amigos (27%) y la iniciativa propia (11%).
patologías mentales Seis de cada diez atendidos en la Comunidad Terapéutica (personas que por su evolución en el consumo, fracaso en tratamientos anteriores y necesidad de un control externo pueden precisar un tratamiento residencial) presentan una patología dual, es decir, además de un problema de adicción una o más patologías mentales. "Se trata de trastorno de personalidad, depresión, psicosis..", indicó Gómez, quien al igual que el subdirector de Aldatu, Jesús Terradillos, señaló que las opiniones de si los patologías mentales son provocadas por las dorgas o ya estaban presentes en el individuo son "muy diferentes". Ahora bien, concidieron en afirmar que "lo que si es cierto es que los estimulantes desencadenan patologías dormidas que quizá si no hubiesen consumido no se habrían desarrollado".
Por ello, la coordinación con otros profesionales de Salud Mental y el establecimiento de técnicas específicas de intervención son "aspectos imprescindibles en el tratamiento".