concierto de la cherokee big band Intérpretes: Cherokee Big Band, formación integrada por 18 músicos bajo la dirección de Iosu Bataller. Fecha: Viernes, 20 de junio. Lugar: Plaza de San José, Iruñea. Incidencias: Último concierto del ciclo Jazz en la calle, organizado por el Ayuntamiento. Cerca de hora y 10 minutos de duración, bises aparte. Excepcional asistencia de público, que aplaudió a rabiar.
POR j. óscar beorlegui
TRIUNFO mayúsculo, en toda regla, el conseguido el viernes 20 por la Cherokee en San José: sólo así podemos calificar el éxito cosechado dicho día por la Big Band (con mayúsculas) de Iruñea, formación grande se mire como se mire, cuantitativa y cualitativamente hablando, que protagonizó un gran concierto; una actuación que fue todo un regalo para los sentidos (para los del gusto, el oído y la vista, y en dicho orden) y con la que lograron meterse sin problemas al público en el bolsillo: al numerosísimo gentío que, en una tarde perfecta para la música en directo, tras abarrotar el aforo previsto, la siguió ya, de pie, rodeando a quienes copaban las sillas, ya apoyado en el muro de la catedral o sentado en las escalinatas de su puerta lateral. En medio de un importante trasiego de gente (unos hacia el Caballo Blanco, prestos a disfrutar asimismo de una de sus primeras sesiones de chill-out, y otros, camino de este evento), con el sonido de fondo de las campanadas de la seo anunciando la hora, pasadas las 20.00 horas comenzaron los músicos a poblar el escenario: más que un grupo de instrumentistas al uso, una escuadrilla musical en formación. Bajo la dirección de Iosu Bataller, apasionado confeso de Orquestas como la de Mel Lewis o la de la W.D.R. de Colonia, el concierto arrancó bajo los sones del Manteca , de Dizzy Gillespie, deparando hasta la interpretación del Serengety , de Paul López -con la que terminó-, un total de 14 versiones de clásicos del género. Una selección en la que hubo momentos para todo: samba (llevada al terreno de la big band, claro está), boogie-boogie, con los ritmos manufacturados por semejante plantel elevando el hecho musical a miles de pies del suelo, swing, vetas de blues, charlestón... Bueno, y además de para todo -desde el prisma estilístico-, para todos, brillando sobre el colchón creado por todos ellos, en función de las diferentes canciones, el saxo tenor, la trompeta, los teclados, la guitarra o, con luz propia en los temas en que participó, la caudalosa voz de Laura, puro terciopelo negro; de lo mejor de la velada la misma y, con el permiso de las de otras vocalistas a menudo nombradas en este espacio, una de las grandes de la ciudad.
Cherokee Big Band, humildad (no hay más que hablar con Bataller para comprobarlo), cantidad y calidad, he aquí lo que deparó la presente velada. Lo cierto es que uno, al contarlo tras ser testigo de primera mano de su nivel, se queda con una sensación agridulce, en verdad: la de haber presenciado un gran espectáculo, por un lado, y, por otro, la de estar predicando en el desierto... ante la indiferencia general en unos tiempos como éstos, más de Bisbal y compañía que de big bands: aunque bueno, en otro orden de cosas -afortunadamente-, también del arte por el arte para orquestas como ésta, la cual, a la chita callando, sin ruido mediático apenas, ahí continúa a dos años vista de su formación; y con los mismos componentes, toda una hazaña a pesar del ingente puzzle que, seguramente, más allá de para tocar, tendrán que resolver sus integrantes cada vez que se planteen ensayar. Sí, ahí sigue la Cherokee, carburando a toda máquina música en popa a toda vela: he aquí las sensaciones con las que nos marchamos tras asistir a un concierto que, grande, debería significar un punto de inflexión en su carrera: una gran actuación tanto por el número de músicos participantes como, evidentemente, en lo referido a calidad.