UELE aplicarse el proverbio "Y la montaña parió un ratón" al resultado escaso de algo que había creado unas expectativas considerables. Durante las semanas previas a la celebración del pleno de hoy, las representantes de EHAK se han visto favorecidas por un inusitado interés informativo, sabedoras de que su grupo parlamentario, Ezker Abertzalea, tenía la llave para la aprobación o no de la Ley de Consulta que el Gobierno Vasco lleva hoy a la Cámara. La demora, casi la recreación, que EHAK ha ejercido en todo este tiempo ha dado pie a especulaciones de todo tipo y ha proporcionado a las representantes de la izquierda abertzale oficial en el Parlamento Vasco un protagonismo gratuito que cualquier empresa de comunicación valoraría con muchos ceros. El desenlace de tan prolongada reflexión ha sido una repetición de la jugada del 31 de diciembre de 2004: aportar los votos justos para que la propuesta sea aprobada y retirarse al burladero para disfrutar del espectáculo político creado por ese posicionamiento contradictorio. Nada nuevo. No parece probable que esta decisión haya sido fruto de una profunda y prolongada reflexión, o de un intenso debate en sus bases. EHAK sabe de sobra que la aprobación de la Ley de Consulta con el regalo de su voto no va a lavar las paladas de cieno que han venido prodigando a los proponentes de esa Ley. Sabe EHAK que la aprobación de la Ley de Consulta gracias a la limosna de su voto no hará olvidar que para ellos se trata de un teatro, de una maniobra electoral, una manipulación del derecho a decidir, un ataque a la territorialidad, en fin, una serie de descalificaciones reiteradas con tanta contundencia, que les espera una buena tarea para explicar a sus bases cómo han contribuido a que prospere tanta traición al pueblo vasco. Difícil cometido, razonar esta incoherencia, a no ser que sea cierto eso de que las bases de la izquierda abertzale oficial tragan lo que les echen y están dispuestas a comulgar con ruedas de molino con tal de poner palos en las ruedas a la labor de las instituciones vascongadas y a los partidos que las representan. En 2004 tres votos fueron a favor y tres en contra. Esta vez, uno a favor y ocho abstenciones. El resultado pretendido, el mismo: cuanto peor, mejor. En cualquier caso, no han sorprendido.