centro , mujeres, diálogo, futuro. Rajoy se ha sustituido a sí mismo y, francamente, cualquiera que observe sus maneras, en lo físico y en lo sintáctico, puede barruntarse que es más él mismo esta semana que en los cuatro años precedentes. Liberado del yugo -literal- de Aznar y de sus testaferros, parece aprestarse por fin a liderar un proyecto democristiano moderado y posibilista, pero sobre todo independiente. Del periódico y de la radio que, con el mismo deleite que le jalearon en el monte, le hubieran aplicado el garrote vil cuando descendió de tan borrascosas cumbres, pero también de los colectivos que por momentos le suplantaron a golpe de pancartazo. Ojalá Rajoy encarne la oposición que se precisa para que el gobierno ni se encastille ni se desmande, es decir, para que se preocupe antes de resolver nuestros problemas que los suyos propios. Otra que se está reinventando, siquiera tibiamente, en idéntico espectro ideológico es Barcina, viento en popa a toda vela rumbo al puerto soñado de la Diputación. Sagaz ella, ha fidelizado a la mitad de los pamploneses decretando y ejecutando sin remilgos, aunque ahora, a un año de suceder a Sanz al frente de UPN, va sintiendo cierta necesidad, mayormente electoral, de suavizar formas. Por ejemplo, aceptando convertir en semipeatonal el vial de Irubide y sustituir la nomenclatura franquista de las calles de la Chantrea por denominaciones de enclaves de la Cuenca. Lo que está por ver es si la oposición acierta en los perfiles para disputarle en 2011 los aposentos del Palacio de Navarra.