ANZ decoró su gobierno con dos consejeros de CDN. Premio a la fidelidad durante una legislatura de mayoría absoluta y consuelo en la aflicción de la merma electoral, consecuencia de la polarización. La casa del padre acogió a los hijos pródigos, olvidada la dolorosa escisión y la traición del tripartito. CDN tiene en muy mal concepto al PSN. Con motivos. La mentira y la deslealtad socialista minaron el prometedor futuro del partido recién fundado por Juan Cruz Alli, que empezó su temprano e imparable declive con el desmantelamiento de aquel gobierno de coalición salido de las elecciones de 1995. Hoy, UPN hace más visible al PSN que a su propio socio de gobierno. CDN aporta un valor simbólico de unidad de la derecha, el PSN resuelve las votaciones parlamentarias. Sanz ha ninguneado a los convergentes en la negociación del pacto presupuestario y, ahora, en el acuerdo para la reforma fiscal de los 400 euros. La devolución lineal de esa cantidad a quienes tributan en renta, promesa del candidato Rodríguez Zapatero en la campaña-subasta electoral, no incumbía ni al País Vasco ni a Navarra. Pero Sanz debe la poltrona al autoritarismo interno de Zapatero y el PSN se ha aprovechado de la situación. El presidente foral y la vicesecretaria general de la franquicia de Ferraz han firmado un proyecto de reforma del IRPF, una forma de deducción "mucho más justa, mucho más asumible y más progresiva" que la estatal, en palabras certeras de Miguel Sanz. También es cierto que muchos contribuyentes navarros quedan peor que contribuyentes españoles. Elena Torres eludió el compromiso de la comparación. UPN ha pagado tributo al asumir la intromisión populista de ZP, irresponsable en su invasión de competencias, y ha rendido pleitesía al PSN por su "actitud responsable" al aceptar esta adaptación a la navarra de la promesa inicial. Una mudanza de criterio nada convencida, una concesión resignada y servil a la necesidad del PSN de presentarse como una fuerza política "determinante" ante un gobierno en minoría. Para CDN estamos ante una "incoherencia": el Gobierno de Navarra decide recortes en el gasto público y, al tiempo, asume el coste de la devolución. Convergencia insiste en que lo pague el Estado o, en su defecto, las arcas del PSOE. Y ahora, ¿qué? ¿Incurrirá en la incoherencia de apoyar la reforma en su trámite parlamentario o emitirá en coherencia un voto contrario? Voto testimonial, pero significativo. Un incoherente voto a favor demostraría las tragaderas del conformismola sumisa resignación de los débiles oportunistas y un coherente voto en contra provocaría una crisis de gobierno (una desaceleración de la confianza, en léxico de Zapatero). "Y eso lo tendría muy en cuenta", advierte Sanz. CDN, chuleado y amenazado.