Pamplona. Sin heridos, sin montones en el callejón ni momentos de emoción, pero rodeado de toda la parafernalia y casi tanta expectación como si de la carrera sanferminera se tratara. Así fue el encierro que la marca comercial Red Bull ofreció a los pamploneses en vísperas de San Fermín. Con quince minutos de retraso, a las 8 y cuarto, los bólidos de Red Bull y Toro Rosso protagonizaron ayer en la capital un encierro de Fórmula 1 que pasará a la historia. Primero, por el ruido, tan ensordecedor que hizo temblar hasta el adoquinado superando los 110 decibelios; pero, además, por la masiva presencia de mujeres corriendo, y por lo efímero que fue para el público, que desde las 7 de la mañana ocupaba sus asientos en la plaza de toros, y apenas pudo ver diez minutos de espectáculo. Y eso que los vehículos circularon al ralentí, a una media de 55 km/h, cuando superan con creces los 350. Sin embargo, la carrera de los monoplazas dejó buen sabor de boca en los espectadores, aunque sólo sea porque, por una vez, pudieron acercarse al mundo de la Fórmula 1. "Red Bull ha traído sus toros para echarles una mano a los toros de San Fermín", anunciaba Herminio González, el locutor que animó la retransmisión desde la plaza.
Más mimados que los toros de carne y hueso circularon los monoplazas por el recorrido del encierro. Hubo que secar minuciosamente las calles para que no patinaran, y hasta el toro rosso paró en la plaza del Ayuntamiento para enfriar el motor (se habían llevado 80 kilos de hielo). Para ellos también, madrugaron de lo lindo 50 empleados de la carpintería Aldaz de Puente la Reina para colocar el vallado (sólo el segundo para que hubiera amplitud) y madrugó también Ignacio Aldaz, que, como ocurre por San Fermín, prendió la mecha del cohete que abrió los corrales.
Sí se echaron de menos caras conocidas entre los corredores (como se sabe, los de siempre declinaron participar en el espectáculo). Unos 400 mozos y muchas mujeres, vestidos todos de blanco y rojo, corrieron delante de los bólidos por tramos, y a punta de periódico llevaron a los vehículos hasta la arena, donde fueron recibidos con aplausos por el público. La mayoría apenas superaba los 20 años, y según confesaron, era su primer encierro: "El de verdad es demasiado peligroso", confesaba José Vicente, de 20 años. Junto a ellos, circularon pastores como Rastrojo , y otros 70 voluntarios, reclutados muchos por la Federación Navarra de Automovilismo, que controlaron el recorrido.
Pasadas las 8 y 20, David Coulthard y Sébastien Bourdais accedieron al coso pamplonés, y deleitaron al público con varios trompos sobre la arena. Coulthard se dirigió a los espectadores: "Me siento muy orgulloso de haber participado en este encierro tan especial". Bourdais, por su parte, indicó que "lo conocía por la tele, pero de verdad tiene que ser muy emocionante de ver en vivo", aunque "yo no me pondría delante de los toros ni loco", dijo.