sI la perfección existiese, ella sería la estudiante modelo. Elena Hernández Martínez de Lapiscina quedó en primera posición en el examen estatal de Médico Interno Residente celebrado en febrero y al que se presentaron 20.000 médicos. Y desde el 20 de mayo trabaja en el Hospital de Navarra como residente de Neurología. "Echaba de menos la vida del hospital, disfruto con ella. Los pases de planta, las consultas, las sesiones de docencia...", confiesa la joven médico. Sin embargo, ésta no era la primera vez que se presentaba a la convocatoria. El año pasado también se examinó y quedó en segunda posición.
Es un as de la teoría. De hecho, en su expediente brilla un 3,8 sobre 4, "aunque sólo cuenta un 25% de la nota final", aclara. Pero no del bisturí. "Los quirófanos no me gustan, la cirugía es más de habilidad técnica y a mí me gusta más pensar las cosas", explica Hernández. Por esa razón se decantó por una especialidad que no requiriera luchar con los artilugios de quirófano. Optó por neurología, una rama que trata los trastornos del sistema nervioso.
Apenas lleva un mes, pero se muestra muy agradecida a sus compañeros por lo que la están enseñando. Ahora se encuentra inmersa en los cursos de adaptación, aprendiendo a interpretar radiografías, electros y saber qué pruebas pedir ante cada caso. "Ahora mismo no podría hacer otra cosa, es más que un trabajo, la medicina forma parte de mí", asegura.
Esta joven -tiene 26 años- es natural de Vitoria, pero pamplonesa de adopción, ciudad que la acogió hace nueve años, cuando decidió que estudiaría Medicina. "Salvo uno que pasé en Madrid", matiza. Efectivamente, el pasado año se trasladó a tierras madrileñas para especializarse en Pediatría en el Hospital La Paz. "Quise ser pediatra desde quinto de medicina", indica. Sin embargo, cuál fue su sorpresa cuando al comenzar se dio cuenta de que la Pediatría no era el trabajo de sus sueños. "Echaba de menos enfermedades que habíamos estudiado y que sólo tienen los adultos", asegura. La etapa a la que tuvo que enfrentarse cuando se percató de que no quería hacer de la Pediatría su futuro laboral la vivió "con perplejidad, no me esperaba que no me fuese a gustar", reconoce. Y en vez de continuar con ello, decidió darse una nueva oportunidad y volver a hincar codos para poder elegir una especialidad que le gustase más.
Esta vez no fue como la anterior, en la que dispuso de las veinticuatro horas del día para estudiar, sino que tuvo que compaginar trabajo y estudio. Por las mañanas, rendir en su jornada laboral, de 8 a 15 horas y, por la tarde, sumergirse en el mundo de la memorización de enfermedades, patologías, pruebas médicas… Y, a pesar de ello, a la gasteiztarra le quedó tiempo para divertirse. "Me gusta hacer deporte movidito, como aeróbic o baile, para compensar tanto tiempo sentada en la consulta, o ir a tomar pintxos con mis amigos", revela.
Hernández es una aficionada de las series de médicos, "pero no una fanática", aclara. "Además, ya tengo mi propia serie", bromea la futura neuróloga. Aún así, critica el escaso reflejo de la realidad que transmiten estos seriales, "en especial Hospital Central , ¡es una ficción casi absoluta!". Y es que, según denuncia la médico, "si fuéramos como sus médicos no habría especialidades en Medicina, porque todo el mundo podría hacer todo, sería un chollo, no harían falta los exámenes de MIR". La serie del mismo nombre del examen -MIR - tampoco se salva de su crítica, "ponía a los residentes como de demasiado pardillos, y no es para tanto", defiende.
Curiosidad, inquietud, paciencia y capacidad de comunicar con las personas son requisitos que, a su juicio, deben poseer los médicos. En los últimos años, el aumento de la demanda de esta carrera ha obligado al Ministerio de Educación a incrementar el número de plazas, una situación en la que "no se pueden abrir las puertas de las facultades a lo loco. Tienes que adaptar los planes, los profesores, conseguir más medios... no es tan sencillo, no se puede improvisar de la noche a la mañana", evalúa.
Ante la escasez de médicos que se vaticina, Hernández no considera que exista tal déficit. "El sistema sanitario estaba acostumbrado a un superávit de médicos y se ha visto que eso no existe, que no hay exceso de médicos, pero tampoco me parece que sea un déficit tan acuciante", opina. Por tanto, la joven valora que no se deben precipitar las contrataciones sin homologaciones previas, como había solicitado Catalunya al Ministerio de Sanidad.
Entre tanto, Hernández continúa pasando consulta junto a su médico adjunto en el Hospital de Navarra. Aún no se ha enfrentado a malos tragos, aunque tuvo que informarle a una señora de que sufría una hemorragia cerebral "con mal pronóstico". Fue un momento duro, "aunque estuve bastante apoyada por mi adjunto", señala. Por delante le queda toda una carrera en la que demostrar que, los conocimientos aprobados con nota en el MIR, también sabe ponerlos en práctica.