uno de enero, dos de febrero...Lo cantaba ayer un grupo de navarros mientras hacían cola para entrar al Pabellón de Navarra en la Expo, ante el asombro de dos noruegos que, después de identificar el pañuelico rojo de los improvisados cantantes, se unieron a la fiesta. "¿Ya son sanfermines?", preguntó uno de ellos. Lo cierto es que el ambiente del Día de Honor de Navarra anticipó en muchas cosas las ganas de jarana que se avecinan. Los más sufridos, sin lugar a dudas, fueron los dantzaris, bandas de música y comparsas que aguantaron como pudieron la intensidad de una jornada que comenzó para todos ellos de madrugada. El Grupo de Danzas de Tudela, que dirige Anitxu Agüera, se apuntó al cántico de A Zaragoza hemos de ir ...a las nueve de la mañana. "Ha sido complicado mover a 32 personas, vestuario, material y demás, pero estamos contentos de cómo está saliendo todo, aunque nos queda mucho todavía...Tenemos previsto salir de aquí a la una o las dos de la noche", comentó con resignación Agüera. Con el mismo espíritu, Aitor Marco (miembro de la comparsa de gigantes de Sangüesa) explicó que para la expedición se habían movilizado una treintena de personas. "Hasta las nueve de la mañana no han dejado entrar a ningún camión, así que nos hemos dedicado a desmotar los gigantes, prepararlos...Luego hemos aprovechado para ver lo que nos ha dado tiempo de la Expo", explicó. Precisamente, las figuras reales fueron una de las atracciones más poderosas para los no iniciados en folclore navarro. "¿Cuánto pesa una cosa de ésas?", se preguntaba una gallega bajo una sombrilla.
A pesar de que en los actos estuvieron representadas todas las merindades de la Comunidad Foral, la cercanía del chupinazo sanferminero estuvo muy presente entre los que se acercaban a la explanada del Palacio de Congresos atraídos por el sonido de las gaitas y las jotas.
'sanfermines' a la vista
Calor, precios y WC
Numerosas personas se interesaron por la distancia que separa Zaragoza de Pamplona y por el día exacto de las fiestas. "Somos de Barcelona y siempre nos ha apetecido vivir aquello, pero bueno, nos conformaremos con esto, aunque no veamos un encierro...", confesó una joven. Para los navarros en tierras aragonesas las similitudes de la Expo con la semana festiva tenían otros puntos de conexión. "Sí,broméo el pamplonés Jon Sanz, aquí pasa lo mismo que allí en sanfermines, no hay manera de encontrar un servicio libre". Lo que tampoco resultó tarea fácil fue paliar el calor. Curiosamente, la Expo del agua ofreció pocas alternativas a la deshidratación. Entre el público que aguantaba la solana para ver girar a los gigantes, se alzó más de una voz preguntando dónde había una fuente. Pero, ni rastro. Las colas más llamativas se concentraban en las máquinas expendedoras de refrescos. "¿Ves? En los precios también es igual que en sanfermines, un botellín de agua cuesta un ojo de la cara", siguió analizando Sanz.
Mientras, los dantzaris de Tudela hacían lo imposible por mantener el tipo en formación, esperando la llegada de las autoridades. Casi un cuarto de hora estuvieron sudando la gota gorda haciendo un pasillo para el paso de la delegación navarra. "Los pies aguantan a medias, vamos, literalmente se queman con las alpargatas y todavía queda una hora de desfile", apuntaba Agüera. Sobre el pabellón de Navarra, pocos comentarios. La fiesta estaba en la calle.