pamplona. El Casco Viejo de Pamplona no pudo ignorar ayer por la mañana los tremendos rugidos de los coches del Equipo Red Bull de Fórmula 1. Aunque estaban avisados, la organización había distribuido tapones para los oídos por diversos domicilios del corazón de la ciudad, muchos vecinos quedaron impresionados al sentir la fuerza de la velocidad bajo los abarrotados balcones que hicieron las veces de gradas preferentes cual Gran Premio de Mónaco.
El reloj de la Plaza Consistorial no marcaba todavía las 7.00 horas cuando muchos jóvenes, ataviados con la tradicional vestimenta Sanferminera, recibían las últimas órdenes para que no se produjeran incidentes. "Prestar atención a los bólidos para correr siempre por los laterales ya que los Fórmula 1 no frenan", explicaba un miembro de la organización a los mozos y mozas congregados frente a la hornacina del santo.
Mientras tanto, una docena de técnicos e ingenieros de la escudería trabajaban en los corrales (que hicieron las veces de boxes) para poner a punto a los dos protagonistas de la mañana. Decenas de aficionados, muchos de ellos seguidores de Fórmula 1, se congregaron en el primer tramo del encierro para presenciar de primera mano los preparativos de la peculiar carrera y fotografiarse con los pilotos David Coulthard y Sebastian Bourdais, que se dejaron ver desde las 7.30 horas.
Aunque la organización puso todo el empeño para que se cumplieran los rituales previos a cualquier encierro -se limpiaron las calles, hubo cánticos, cinco pastores acompañaron a las reses y hasta se pudo ver al Jefe de la Policía Municipal revisando el recorrido-, Ignacio Aldaz no prendió la mecha hasta pasados 15 minutos del tradicional horario.
Las características del recorrido, pactado con los participantes de antemano en la reunión mantenida el pasado viernes, y los dos coches hicieron las delicias de los aficionados al mundo del motor. Los toros con ruedas se separaron desde la Plaza del Ayuntamiento ya que un bólido quedó rezagado para envestir con trompos a los mozos allí congregados. Como fin de fiesta, los pilotos premiaron a los espectadores que aguardaban su entrada con dos trompos que recibieron una gran ovación. La organización premió a los corredores con un pañuelico y una entrada para la exhibición de la tarde.