C OMO era de prever, valga la redundancia, la XI Extreme Bardenas rompió las previsiones y acabó con los pronósticos. Si algo ha demostrado esta prueba en los 10 años que lleva de vida es que es ella quien marca el ritmo, la dureza y la belleza de los kilómetros y no lo hace ni el clima, ni el recorrido; ni siquiera los corredores. Las Bardenas son quienes deciden y ponen las leyes, eligiendo quiénes serán capaces de atravesarlas o quiénes no. El tudelano Javier Yagüe venció ayer a otro tudelano Jesús Ángel Espada en unos últimos 20 kilómetros que sirvieron para demostrar la perseverancia de ambos. El joven Yagüe, habitual de esta prueba y uno de los que siempre da la cara, se impuso a la veteranía de Espada y demostraron que son dos de los mejores bikers del panorama navarro. Como siempre, la subida a la ermita del Yugo se convirtió en juez y parte y decidió quien debía llevarse el triunfo en una prueba que, siempre hay que recordarlo, no tiene premio para el ganador ni carácter competitivo. Para el recuerdo, de los que disfrutaron ayer sufriendo sobre la bicicleta, queda la subida a la Plana de La Negra. No sólo cumplió las expectativas sino que dio mucho más de lo esperado, "ha sido muy dura", "invito a que se repita el año que viene" o "ha sido maravilloso", fueron algunas de las reacciones, que se reafirmaron con el abandono de más de 100 ciclistas.
el comienzo "Qué ganas tengo de llegar a la Cooperativa", decía entre risas José Antonio Rodríguez, de 52 años. A él, como miembro del CC Arguedano, le tocó el honor de encabezar el pelotón durante todo el recorrido por Arguedas. "Dejad paso a los jubilados", gritaba mientras en cada ventana, en cada puerta se asomaban cientos de sus vecinos para aplaudir a este extraordinario grupo de 1.500 personas que se dirigían hacia el desierto ribero. Rodríguez sabía que lo que se avecinaba estaba reservado para los entregados a este deporte. "Rogamos que colaboréis con nosotros en la llegada para poder ver el partido. Podemos", habían avisado en la llegada los organizadores. Gerardo Irastorza terminaría 8 horas 34 minutos y 48 segundos después.
Los participantes esperaban 31 grados y cierzo, pero la climatología acompañó y se convirtió en la mejor de todas las ediciones. Todos parecían tener prisa por conocer la nueva ruta y eso se notaba desde que el pelotón se adentró en el paisaje casi vietnamita de los arrozales de Arguedas. Las 3.000 ruedas se fueron perdiendo en la lejanía y 20 minutos después de la salida aún no habían abandonado todos los participantes las calles del municipio. El olor a las deposiciones del ganado se mezclaba con el del tomillo y romero, señal inequívoca de que se estaba entrando en Bardenas que en este año aparecía más verde que nunca y con agua en todas y cada una de las balsas.
El paso por el Polígono de Tiro, con las consiguientes explicaciones para los foráneos, marcó el fin de la tranquilidad y comenzaron a desatarse los primeros enfrentamientos en las rampas en las que el polvo todavía no era el enemigo a batir. La Madera, con una media de un 12% de desnivel, puso a prueba a los más osados que encontraron su premio en el avituallamiento de La Nemesia. "Vamos a ir más estirados que otros años porque la organización está dejando más. Me gusta que sea dura, todos los años me quedo con ganas de 20 kilómetros más", explicaba Juanjo García, de Pamplona en su sexta participación.
el plato fuerte A las 10.40 un rearmado pelotón abandonó La Nemesia con la vista puesta en las dos importantes pendientes que les quedaban por delante, la de San Antón y el plato fuerte: La Plana de La Negra. Los mismos rostros que habían luchado por las primeras rampas se enfrentaban ahora al verdadero enemigo, sabedores de que quienes de verdad apuestan por la victoria de la carrera se reservan, agazapados, a llegar a los últimos kilómetros. Al fondo, asomaban ya las primeras lomas de La Negra que repletas de verde, esperan al pelotón.
Como diría después Jesús María Navarro, de Zizur Menor, "el público es un poco carroñero y van donde saben que la gente va a sufrir". Así fue, un centenar de personas esperaban en distintos tramos de la nueva subida, en el 12%, en el 18% pero, sobre todo, en el 23%, donde hubo muchos que tuvieron que echar pie a tierra cuando el terreno se empinaba. Tan peligrosa y dura como la subida resultó la bajada de La Negra, donde incluso hubo alguna caída.
El segundo avituallamiento, de cerca de 25 minutos, sirvió para tratar de reunir a las ovejas pródigas que deambulaban por el recorrido y meter la tranquilidad en el cuerpo de los corredores que durante los próximos 25 kilómetros no iban a tener más dificultades que un sol que se envalentonaba y un polvo que iba mermando el ánimo. Mientras la cabeza de carrera conocía los traslados de dos compañeros por rotura de clavícula en caídas se llegó al definitivo alto en el camino a partir del cual los favoritos asoman la cara y los esforzados que han luchado durante los 80 kilómetros anteriores dan un paso atrás.
Así, nada más dar el pistoletazo de salida en esta mini carrera de 30 kilómetros se destacaron Abel Mansilla, Javier Yagüe, Jesús Ángel Espada y Miguel García. Junto con otros tres compañeros dejaron atrás al grupo y se adentraron en El Plano, donde Espada, aprovechando un descenso vertiginoso, se escapó, dejando a los otros seis a 200 metros. Así llegaron a las primeras rampas de la subida al Yugo, donde un pletórico Yagüe remontó a Espada que acusó el esfuerzo en solitario. Justo en la cima, entre los aplausos de cientos de personas, el que a la postre vencería le adelantó. A partir de ahí mantuvo la distancia en un titánico esfuerzo para conseguir una victoria tan ansiada como trabajada. "Llego casi sin hablar, no puedo con mi cuerpo. No sé como llegaran del mil para atrás", dijo en la meta.