q UERÍAN una Extreme más dura, "¡pues toma!", repetían con una sonrisilla maliciosa los miembros de la organización. Y más de uno, como yo, se habrá acordado de toda la familia del susodicho...
Primero, la subida a La Plana de la Bardena Negra, con un 23% de pendiente. Se veía a lo lejos cómo más de uno echaba el pie al suelo después de coger una piedra suelta o no hacer la suficiente tracción con la rueda como para aferrarse a un suelo dibujado como el terreno para hacer la primera criba. Llegaban entonces los primeros abandonos.
Cómo no, el polvo volvió a estar muy presente, pero además este año se le unió el barro en algunos barrancos. En fin, era un poema vernos llegar a meta tiznados de una pasta negra fruto del sudor y el polvo; ése que se convertía en la niebla más espesa en algunos momentos. Tenías que rezar para que el que iba delante de ti no frenara. Si no tenías suerte, el golpe era casi inevitable. De hecho, no fue extraño ver caídas de lo más absurdas. Pero cuando vas sobre una bicicleta con unos cuantos kilómetros encima, un golpe así te deja fuera de juego.
Pero si algo hemos sufrido los valientes a los que no nos dio miedo el binomio 100+15 (kilómetros) fue, precisamente, esta última cifra. Más bien, los últimos kilómetros después de la Subida del Yugo, la última, según creíamos y nos decían: "Ahora, todo para abajo". "¡Ja!", digo yo. Lo siento, pero los últimos toboganes y repechos se nos atragantaron. Y es que nos tienen mal acostumbrados a dejarnos llevar por la inercia después del Yugo. Esta vez no. Hubo que currárselo un poquito más, a pesar de que las piernas apenas acompañaban a la mente.
Menos mal que este año tampoco faltaron los ánimos de los arguedanos y foráneos que, religiosamente, esperaban bajo un sol traicionero a que pasáramos con cara de disgusto y pensando más en la meta que en sus gritos de ánimo. Pero al final, te calan hasta el fondo y son el mejor chute que te puedas tomar.
Ahora, de ahí a darles la razón a la organización, ya me fastidia un poco. Pero la tienen. La 10+1 edición de la Extreme con sus 100+15 kilómetros será recordada como la más dura pero, también, la mejor. Al menos, hasta el año que viene, porque seguro que desde el Club Ciclista ya están pensando cómo mejorarla. Lo que es imposible de enriquecer es la labor de los voluntarios, el entusiasmo del público y la ilusión de los corredores. Un diez a secas.