L Ministerio de Educación se ha tomado muy en serio la problemática encubierta en el mal manejo que hacen los menores (en realidad, el uso perverso lo inducen los adultos) de las nuevas tecnologías. En ese espacio en sombra que escapa al control familiar y del que ellos eluden la vigilancia de una mirada de reojo con la pericia que da el accionar una tecla, en esos chats y foros, está más que demostrado que acampan gentes con tan malas artes como carencia de escrúpulos. Ese ciberacoso que, según los datos, ha alcanzado ya en sus diferentes facetas al 44% de los niños y adolescentes, empuja al ministerio a poner en marcha un programa de orientación, prevención y asistencia. No está mal, siempre que entre unos y otros no acabemos convirtiendo el exceso de control en una merma sustancial de sus espacios de libertad, que tampoco son tantos. De paso, sería conveniente extender la vigilancia por ciberacoso a toda esa avalancha de correos y pantallazos publicitarios que penetran a diario en nuestro ordenador doméstico, incluso en el del puesto de trabajo. Mensajes que nos brindan negocios seguros con poco coste para nuestros bolsillos, amistades de jóvenes rusas, métodos de adelgazamiento, productos mil de farmacia, viagra a toda pastilla y un aparato para alargar el pene que, si es tan efectivo como predica la fotografía, no sé por qué no lo incluye entre sus prestaciones la Seguridad Social. Todo esto cuando no te asaltan a alto volumen las melodías para móvil. Nuestro problema es que ya no podemos vivir desconectados del ordenador: ése es el auténtico ciberacoso que sufrimos desde hace años.