La reciente pretensión por parte de la Unión Europea de que la semana laboral pueda situarse en 65 horas ha generado una profunda indignación, como es lógico y razonable, en gran parte de la opinión pública.La Europa ultraliberal de los Sarkozy, Berlusconi, Brown y Merkel cada vez tiene menos complejos en mostrar su faceta más hostil hacia los derechos de los trabajadores, pero no deja de ser paradójico que el Gobierno de Zapatero aproveche esta circunstancia para erigirse en adalid de la Europa social, cuando la legislación laboral del Estado español que el PSOE ha elaborado junto al PP, es un exponente manifiesto del modelo neoliberal.
Concretamente, en el terreno de la duración de la jornada laboral, el actual Estatuto de los Trabajadores, que más bien debería ser denominado como el de los empresarios, permite que la semana laboral pueda ser extendida ampliamente por encima de las 40 horas, llegando incluso hasta las 56.
Y esto es así porque, a través de su artículo 34, deja la puerta abierta a esta posibilidad, mediante un redactado tan retorcido como eufemístico, diseñado para que nadie se entere de su significado hasta cuando se lo apliquen: "La duración máxima de la jornada laboral ordinaria será de cuarenta horas semanales de trabajo efectivo de promedio en cómputo anual".
Es precisamente ese cómputo anual al que alude el citado artículo (el que anula de hecho la semana laboral de 40 horas en el terreno practico), permitiendo que los empresarios puedan flexibilizar totalmente a su favor la duración de la semana laboral.
Esto que estamos describiendo aquí, aun siendo grave, no es ni siquiera lo peor, porque el artículo 37 del Estatuto de los Trabajadores establece que "los trabajadores tendrán derecho a un descanso mínimo semanal, acumulable por periodos de hasta catorce días, de día y medio ininterrumpido…." Con este artículo citado, los empresarios disponen de la capacidad de hacer trabajar a sus empleados hasta once días seguidos.
Como se puede comprobar con claridad, el gobierno de Zapatero no debería cuestionar la irracional medida de la Unión Europea sin sonrojarse, pues la lógica en la que se desenvuelven sus políticas económicas no es otra que la neoliberal.
Así ha sido por desgracia desde los tiempos de Felipe González, siendo ésta una herencia que en ningún momento han tenido la voluntad de superar, y de la que se sienten muy orgullosos.
Iñaki Sorbet Mancho