OMO si de la inauguración de un estado de cosas no permanentes se tratase, un acaecimiento fundacional que habrá de incidir en el transcurso del tiempo a través del recuerdo y de su rememoración, surge el evento de forma muy circunscrita, discontinua y puntual. Aquellos por algunos añorados encuentros de Pamplona , que no tuvieron continuidad, en tal sentido, lo fueron.
Así como la pretendida y abortada oficialización de la cultura en los eventuales, a pesar de su recientemente malograda periodicidad, Festivales de Olite (posteriores de Navarra) inspirados en aquellos otros franceses de la ciudad de Aviñón. No digamos nada ya del reciente Año Javierano que aún coletea entre pasillos de la Cámara de Comptos y sede parlamentaria, o del fallido congreso en torno a la figura de Pío Baroja. En ocasiones, no obstante, la celebración de estos acontecimientos parece como si se realizaran para exclusivo lucimiento y ornato de quienes los organizan, perdiéndose la oportunidad única de poner en valor relatos de vida , a la manera como Daniel Bertaux nos narra desde una perspectiva etnosociológica o Lisón Tolosana desde la antropología propiamente dicha.
Por ejemplo, en la dimensión diacrónica que el relato sobre un relevante hecho de la biografía contada de Francés de Xabier tuvo y tiene en el escenario de las relaciones interculturales de dos diferentes civilizaciones, para algunos, como Huntington, encontradas en el peor de los sentidos. Sobre ello trata el ensayo del antropólogo Lisón Tolosana La fascinación de la diferencia , subtitulado como La adaptación de los jesuitas al Japón de los samuráis, 1549-1592 . Nos habla, por ende, de una historiografía antropologizada que desde lo diacrónico tanto tiene que ver con el intento de conciliar la realidad que fuera con el relato que de ella nos pudo llegar, ayudándose de los modos actuales en que la experiencia del espectador nos alcanza. Tendencias que tratan, en definitiva, de las muchas maneras en las cuales desde siempre ha venido dada la relación dialéctica entre lo global y lo local, que en opinión de Giacomo Marramao predispone, en los ámbitos nos sólo geográficos y espaciales sino de la temporalidad misma, hacia una copertenencia: "algo - en palabras del pensador italiano - muy cercano al fenómeno definido ya por Ernst Bloch con las expresiones contemporaneidad de lo no contemporáneo o sincronía de lo asincrónico". Traer al presente o a la actualidad del lugar un hecho o acontecimiento relevante independientemente de sus orígenes geopolíticos y de histórica accidentalidad.
El evento, por tanto, dispone de un tiempo acotado marcado por una diferencialidad respecto de lo habitual. Temas estos tratados por el maestro de Alemania que fuera Heidegger (cfr. Safranski). Para expertos entendidos en estos vericuetos de la filosofía heideggeriana como Gianni Vattimo, la palabra que lo designa es aquella de Ereignis desprovista de su significado de mero acontecimiento y reforzada en el de apropiación del momento mismo del pensar sobre el ser y su objeto. Puesto que cuando nos habla sobre el humanismo refiriéndose al ser - para el italiano - "se introduce un nuevo término, el verbo ereignen - acontecer, ocurrir (...), que en los escritos posteriores se hará esencial justamente para describir la relación entre el ser y el hombre y, en cierta medida, habrá de designar el ser mismo. Ereignen , acontecer, ocurrir; Ereignis , evento". Y vocablos incluidos en el grupo reflexivo emparentado, en el análisis de Giorgio Agamben, con el sé que en las lenguas indoeuropeas indica "lo que es propio y existe de modo autónomo, tanto en el sentido de lo que es propio de un grupo -como en el lat. suesco , consuetudo , sodalis , en el gr. éthos , costumbre, hábito, y morada habitual (...), como en el sentido de lo que esté consigo, separado, aparte, como en solus , sed, secedo". Esta segunda interpretación, teniendo connotaciones aplicadas al idios y al heautón quizá pueda llegar a ser aquello que políticamente más nos interese. Son palabras que tienen que ver con lo consuetudinario, con lo solidario, con lo autónomo, pero también con la soledad, el aislamiento y la secesión. Extremos que en toda identidad vienen a complementarse.
Es por lo que todo evento, más si se trata de un acontecimiento cultural, siente y tiene la sana tentación y necesidad de diferenciarse de aquellos otros con quienes comparten estrechos lazos de familiaridad y de categorización. Cuestión añadida, que hace de la cultura no sólo un elemento del distanciamiento sino del intercambio y de la comunicación. En ello ésta es prueba fehaciente de la conciliación entre aparentes contrarios, una dualidad sin la cual sería realmente difícil ya no la convivencia sino hasta la mera existencia.
Por otro lado, se habla de contratos eventuales haciendo referencia a aquellos que tienen de antemano fecha de caducidad. En el existencialismo el contrato es la propia vida. No existe nada que por definición sea tan inapelablemente caduco. La vida del evento es efímera, como, a Dios gracias, la del político, como aquella del artífice y de la creación.