pamplona. El curso escolar ha llegado a su fin y los centros cierran sus puertas hasta septiembre. Sin embargo, hay alumnos que llegan al verano con un carro de suspensos, en la mayoría de los casos por vagancia y a veces por la ineficacia del profesor. Pero estas no son las únicas razones. Un trastorno de aprendizaje debido a causas neurológicas también puede estar detrás del fracaso escolar. De hecho, el último estudio del Ministerio de Educación señala que uno de cada cuatro casos de fracaso escolar está relacionado con la dislexia, aunque sólo un 2% lo sabe. Unas cifras que confirman especialistas y expertos en la materia, según señala la pedagoga de Fundación Nuevas Claves Educativas, Pilar Núñez, quien asegura que una detección temprana y la formación del profesorado son las claves para mejorar el nivel de comprensión lectora y escritora de los afectados y con ello evitar el fracaso escolar.
La dislexia es un trastorno específico de base lingüística que afecta a un 10% de la población, aunque es difícil conocer con exactitud el número de navarros afectados debido al desconocimiento que envuelve a esta patología. En la mitad de los casos tiene un origen constitucional (una anomalía neurobiológica en alguna región de la estructura cerebral) y en la otra es una cuestión génetica. Por ello, la pedagoga Núñez advierte de que "si los progenitores o algún familiar cercano presentan este trastorno es un claro signo de alarma y lo mejor es consultarlo".
Las estadísticas apuntan a que en cada aula de 25 alumnos hay al menos un niño con esta dificultad para el aprendizaje. Su detección no es compleja aunque, como afirma Núñez, es fundamental la formación del profesorado. Los síntomas son muy clarificadores. Durante la etapa Infantil, los más comunes son un retraso en el inicio del habla, dificultades para pronunciar sonidos y también para recordar los nombres de las letras o los colores. "Pero es en la etapa de Primaria, en el momento en que comienzan a leer, cuando es más sencillo el diagnóstico ya que el retraso es muy evidente", apunta esta pedagoga. El problema es que en la mayoría de las ocasiones se deja pasar el tiempo y se achaca la lentitud en la lectura, la confusión e inversión de letras o la dificultad para aprenderse de memoria las tablas de multiplicar a una mayor inmadurez, a la vagancia... "Se tiende a decir que es un niño más lento y que lo que hay que hacer es darle más tiempo", indica Núñez.
Pero esta no es la solución. "Aunque el diagnóstico de la dislexia no se puede confirmar hasta cumplir los 8 años (porque hay que esperar a que el retraso en la lectura sea de dos años) es muy recomendable comenzar a trabajar con el niño desde que se percibe el retraso aunque luego finalmente resulte que no tiene este trastorno", explica Núñez. Y es que, con el paso del tiempo, las complicaciones son mayores y con ellas aumentan las probabilidades de terminar con un fracaso escolar. "Al principio son niños que tienen problemas en el área del lenguaje, pero si no se ponen recursos necesarios comienzan a presentar dificultades en otras asignaturas", asegura esta pedagoga, que recuerda que un porcentaje muy elevado de los niños con dislexia padece también un déficit de atención. Las consecuencias emocionales también preocupan a Núñez. "Son leves pero pueden sufrir ansiedad, bajo autoconcepto de uno mismo, problemas relacionales...", explica la pedagoga.
adaptación Cuanto antes se trabaje este trastorno mejor será la calidad de vida del afectado en su etapa adulta porque la dislexia no desaparece. No tiene cura. "Ahora bien, si se trabaja correctamente y se adapta a las necesidades de cada uno la evolución es favorable. Utilizamos una metodología multisensorial y la plastilina para representar conceptos", asegura Núñez, que añade que "la mayoría no tendrá una lectura igual de buena, pero podrá estudiar lo que quiera".
Así las cosas, la formación del profesorado es fundamental: debe saber qué es la dislexia y contar con las herramientas necesarias para trabajar con este alumnado. "No hace falta llevar a cabo una reeducación basta con una readaptación de la evaluación del alumno, es decir, si tiene más dificultades para expresarse de forma escrita que lo pueda hacer oralmente", afirma esta pedagoga, que critica que "se habla mucho de la atención a la diversidad, pero sólo se lleva a la práctica para casos muy concretos". Y concluye: "La justicia no es tratar a todos por igual como piensan los profesores sino tratar a cada uno según las circunstancias".