si bien ayer no fue necesario buscar su sombra, los centenarios robles de San Pedro volvieron a ser testigos del encuentro de cientos vecinos y foráneos que no quisieron perderse esta fiesta, la más popular del abultado calendario festivo de la villa. Era domingo y se notó. Sobre todo porque acudieron muchos alsasuarras que viven fuera y aprovecharon la oportunidad de reencontrarse con amigos y familiares en un marco incomparable, la campa de San Pedro.
Para Venancio Zornoza, de 79 años, la cita de ayer fue especial, pasado medio siglo desde que acudió por última vez a este idílico paraje. "La fiesta se ha vuelto muy comercial" observaba este alsasuarra afincado en Southhampton (Gran Bretaña). Zornoza es un niño de la guerra. "Tras matar a mi padre, nos fuimos a Bilbao. Cómo había bombardeos, el Gobierno Vasco envió a muchos niños a diferentes países. A mi me mandaron para tres meses a Inglaterra. Tenía 8 años" recordaba Zornoza en el puesto de vino del Ayuntamiento, a dónde acudió a beber caldo en las tradicionales tazas de plata.
Precisamente, el vino, junto con la comida y los zortzikos son los ingredientes principales de esta fiesta que aunque se ha adaptado a los nuevos tiempos, sigue fiel a distinta tradiciones que se repiten cada año desde tiempos inmemorables. Así, la Corporación acudió en comitiva acompañada de los txistularis hasta la ermita, dónde se ofició la primera misa del día, a las once de la mañana. Finalizado el oficio religioso, al aire libre, fue el momento de abrir las barricas de vino. Para la ocasión, el Ayuntamiento dispuso de 1.200 litros.
Después no faltaron los zortzikos, multildantza propia de Alsasua imprescindible en las celebraciones de la villa. A la una del mediodía se ofició una nueva misa, esta vez en el interior de la ermita a la que siguieron más zortzikos . Mientras tanto, muchos alsasuarras se encargaban de preparar la comida que después degustaron en cuadrilla o en familia. Si bien los menús eran variados, el plato fuerte en la mayoría era carne a la brasa, sobre todo cordero.
Una de las mesas más numerosa era la municipal, alrededor de la cual se reunieron 57 comensales entre concejales, empleados y demás. La tradición manda que se convide a los alcaldes de las localidades vecinas: Urdiain y Olazagutía. Ayer la invitación se amplió por vez primera a todo el valle de Burunda, según explicó el alcalde de Alsasua, Unai Hualde.
Para el desarrollo de la comida también se sigue una especie de ritual. Hacia las 14.30, anunciada por cohetes, la Corporación, acompañada de txistularis, realiza una ronda entre las mesas avisando que ha llegado la hora de sentarse a la mesa. También con cohetes y txistus, se anuncia el reparto de puro. Ayer se dieron 750, sin distinción de sexo, uno de los pocos cambios producidos en esta fiesta.
De sobremesa, a mover el cuerpo. Es el momento del zortziko más solemne, encabezado por el alcalde, que sacó a bailar Charo Recarte, la secretaria de la alcldía recientemente jubilada. La fiesta continuó con más zortzikos y sin otro programa que las ganas de pasárselo bien. "Antes se tocaba La Salve y se bajaba en comitiva, que era seguida por una animada kalejira con parada en Dantzaleku . La llegada en multitud a la plaza" recordaba el txistulari Cruz Mari Martínez.
El próximo domingo acudirán en romería hasta este mismo lugar los urdiaindarras, dentro de las fiestas patronales. No en vano, la ermita de San Pedro está enclavada en la muga de Alsasua y Urdiain.