san sebastián. La escritora alavesa (Vitoria, 1970) lo tiene claro: "Un aspecto fundamental en la labor de una persona que se dedica a escribir, es que tiene que estar atenta a todo lo que le ocurre y rodea".
¿Cómo son las manos de su madre?
Iguales a las de cualquier mujer. Desde que nací siempre han estado ahí. Cada vez que me caía… me han ayudado a levantarme. Todos tenemos muy presente las manos de nuestras madres.
Manos trabajadoras, sensibles, ásperas…
Una mezcla. Nuestras madres han sido todoterrenos. No han parado de trabajar. Nos han dado de todo. En la novela cito que cuando la madre se acerca a la hija, sus manos huelen a lejía, a jabón de Marsella…
Y las manos de Karmele Jaio, madre de Julen ¿cómo son?
Julen ha cumplido 15 meses y las mías también se han convertido en manos de madre.
La novela 'Las manos de mi madre' -'Amaren eskuak'- comenzó su andadura en 2004 cuando logró la Igartza Beka.
Es un libro que está teniendo una vida muy larga. Todo lo contrario a lo que le sucede a los libros de hoy en día. Se diluyen en ese mercado que transita a gran velocidad. Los premios que ha obtenido han logrado que no haya perdido actualidad. Amaren eskuak está siendo traducido al alemán y con mi traducción al castellano, sigue en boga.
Tras publicar hace aproximadamente un año 'Zu bezain ahul', libro compuesto de quince cuentos, se sumergió en la traducción de 'Amaren eskuak'.
No ha sido una labor nada fácil. No es una traducción sino que una reescritura. Los libros nunca terminan con el punto final. Cada vez que vuelvo a leer algo que he escrito, siempre encuentro algo que corregir y cambiar. Cuando comencé a traducir Amaren eskuak observé que quería mejorar varios aspectos de la novela. Por otro lado, el cambiar de idioma me ha obligado a hacer unas importantes variaciones en la forma de relatar. Al principio comencé a traducirlo bastante literalmente pero observe que lo que en euskera de tono iba bien, en castellano era muy frío, distante… Tomé una decisión drástica. La novela en euskera está escrita en tercera persona, y la versión en castellano en cambio, la he escrito en primera persona. No es otro libro, pero reconozco que tiene nuevos ingredientes, alguna nueva escena…
'Amaren eskuak' está en la octava edición. ¿Qué la animó a traducirla?
Suelo escribir de vez en cuando algún cuento en castellano y quise saber cómo sonaba Amaren eskuak en castellano. Ha sido un ejercicio totalmente personal.
¿La relectura ha sido una constante?
Así es. He realizado también consultas pero el proceso de traducción y escritura ha sido un trabajo muy solitario.
Unai Elorriaga comenzó como traductor y luego se hizo escritor. Karmele Jaio ha realizado el mismo trayecto pero a la inversa.
A Unai le he escuchado más de una vez que traduciendo se aprende mucho. Y es cierto. Es un ejercicio muy interesante. Me ha valido para analizar mi propia obra desde otro punto de vista. Una vez traducida la he conocido mejor. Con Las manos de mi madre me gustaría llegar a la gente que no la pudo leer en euskera. No aspiro a nada más. He realizado mi labor con la mayor sinceridad posible y lo que venga a partir de ahora no está en mis manos.
La novela incide en que la vida hay que mirarla de cara.
Ésa es una de las ideas fundamentales del libro. Hay muchas dificultades en el camino, por lo que la vida es una constante lucha. No hay otra manera de avanzar si no es plantándole cara a las dificultades y enfrentándote a ellas.
El personaje -Nerea- es periodista, al igual que usted.
Sí y mucha gente me pregunta si la protagonista soy yo. Aunque en un principio no, todos los personajes habitualmente reflejan algún aspecto del escritor. Elegí que la protagonista fuera una periodista porque es el entorno en el que me muevo y me era más fácil. Si hubiese optado porque fuera, por ejemplo, enfermera, no me hubiera desenvuelto tan fácilmente puesto que desconozco el día a día de ese colectivo.
Nerea padece una enfermedad que no nos es ajena: el estrés.
Así es. La vida tan ajetreada que llevamos es otro de los temas del libro. Dejamos parte de nuestra vida en el trabajo, en los proyectos en los que nos embarcamos… e hipotecamos la vida de los que nos rodean. Es una enfermedad muy extendida.
¿La novela es una reflexión para que tengamos más presente el aspecto afectivo?
Sí. Es lo primero que desechamos. Nos parece más interesante todo lo demás: el éxito en el trabajo, ganar más dinero… Dejamos de lado lo más importante: el calor de los que nos rodean.
Tras la traducción, ¿qué tiene entre manos?
Otra novela. La tengo bastante avanzada pero como no tengo prisa verá la luz, seguramente, el año que viene. En este nuevo trabajo estoy viendo cierta evolución en mi trayectoria literaria. El haber escrito Amaren eskuak me ha ayudado mucho a la hora de abordar esta nueva novela. La protagonista es una mujer mayor. Y la idea principal es que siempre, durante toda una vida, se mantiene siempre la misma música en el aire…
¿Es tan minimalista también escribiendo en castellano?
Sí. Pero creo que haciéndolo en euskera quizás lo sea más aún.
¿Sigue escribiendo de noche y robándole horas al sueño?
Le robo todo lo que puede al día. En el mínimo momento libre que encuentro, me pongo a escribir. No tengo horario.