MADRID. El negro es el color del polar , como llaman los franceses a la novela policiaca, pero Dominique Sylvain ha preferido iluminar el género con una ex comisaria socarrona devota de San Agustín y el vino y una americana loca por París, una alquimia que funciona muy bien y que ahora llega a España.
Sylvain quería que sus heroínas, Lola Jost e Ingrid Diesel, fueran mujeres fuertes, con carácter y diferentes, "que consiguieran resolver sus casos luchando, no por utilizar la seducción", ha revelado en una entrevista concedida a Efe con motivo de la presentación en España de El pasadizo del deseo (Suma), la primera de la serie. Así, Lola es una mujer a la que queda un año para la jubilación, rechoncha, "de talla 52, aunque dependiendo de las marcas", y "recortada", aunque no tanto como el comisario que la sustituye, "un enano de jardín, con el culo tan bajo como las ideas", y con una sagacidad e ironía a prueba de bombas. Su colega es una americana musculosa, "de unos 35 años", que se dedica a dar masajes, "pero solo a quien le gusta", para costearse el capricho de vivir en París. "Me pareció interesante que Ingrid fuera americana para subrayar las diferencias entre EEUU y Francia, tanto lo bueno como lo malo. El dúo funciona y me permite crear situaciones cómicas", explica.
Ambas han protagonizado ya cuatro entregas que han sido traducidas a nueve idiomas, aunque no, "curiosamente", al inglés, un mercado que se resiste a la mezcla que ha cocinado Sylvain con los elementos clave, "pero intentando no caer en los estereotipos", del género policiaco y de la comedia. "Lo que me interesa es hablar de mi época y el polar es una excusa para hacerlo", resume Sylvain, quien debutó en 1995 con Baka! (idiota en japonés), un libro agotado que va a reescribir "totalmente" para volverlo a editar. >C. BARRIGÓS