A Consejería de Economía y Hacienda detalló ayer cómo va a afectar a cada uno de los departamentos del Gobierno de Navarra el anunciado recorte diseñado para encarar la merma en la recaudación de impuestos experimentada entre enero y mayo con respecto al mismo periodo del ejercicio precedente, un nada desdeñable descenso del 8,46%. En concreto, la eufemísticamente denominada por el vicepresidente Miranda "contención" del gasto supera los 150 millones de euros, lo que equivale al 3,51% del Presupuesto de Navarra para este año (4.287 millones). De salida, y ante las crudas dificultades de índole pecuniaria que nos han sobrevenido, esta medida entraría dentro de lo razonable, y así lo han entendido también gobiernos de todo ámbito y color político a lo largo y ancho de Europa. Además, si las economías domésticas se aprietan el cinturón y miran más cada euro, por qué no los poderes públicos. Pero esta iniciativa también presenta aristas con un nivel cierto de controversia. Para empezar, no son pocos los consejeros molestos con la imposición de la cuantía del recorte y, en algunos casos, con que por añadidura se les haya remitido una relación de partidas que quedan congeladas, más allá de las pautas generales de variar lo mínimo el Capítulo I (personal) y de respetar tanto las modificaciones de gasto pactadas con el PSN como las previsiones para el propagandístico Plan Navarra 2012 . Para continuar, está por ver que, como se anunció, este recorte no vaya a afectar al gasto social, ya que la "reserva temporal de fondos" -otro término edulcorante - entre Salud, Educación y Asuntos Sociales excede los 63 millones. Precisamente, la cantidad que en 2009 se va a devolver también en Navarra en concepto de los 400 euros prometidos por Zapatero en el contexto de unas elecciones generales, lo que no deja de ser un contrasentido superlativo en esta complicada coyuntura económica. Una cantidad a la que igualmente el año venidero habrá que sumar los alrededor de 70 millones que dejarán de recaudarse en la Comunidad Foral a consecuencia de la supresión del Impuesto de Patrimonio. Tiempos de incertidumbre por tanto, cuando lo que ahora se preguntan muchos ciudadanos es si en los tiempos de bonanza se hizo todo lo debido para responder adecuadamente cuando pintaran bastos.