Hemos sabido superar a la realidad más criminal. Hemos sabido maltratar por encima del sentido común hasta la realidad más común.Hemos avanzado hacia atrás no cincuenta años hasta la Alemania nazi o los campos de trabajo esclavo del franquismo sino trescientos mil.
Esta Europa neoliberal narcisista, ególatra, colonialista, racista e imputablemente cristiana, en todas sus vertientes: católica, protestante, calvinista liberal, popular, socialdemócrata ... se ha quitado el velo y ha dejado a descubierto su verdadero rostro.
El rostro de la insolidaridad, el rostro del apartheid, el rostro de los campos de concentración, el rostro de la insolencia, el rostro del nuevo colonialismo que recoge la belleza de los países colonizados y deja las heces de su miseria, el rostro del gran capital que explota a los campesinos del Tercer Mundo y recoge dividendos de lobbys agrícolas en paraísos fiscales.
Y a pesar que hemos pasado de sufijos "pos": posmoderno, poscapitalismo, posindustrial.... a prefijos éticos: bioética, poliética... el rostro al fin de Guantánamo, la máxima expresión del imperio, como diría Toni Negri, un comunista italiano, surge del cuerpo maltrecho de esta vieja Europa.
Y estamos aquí: unos sin saber que hacer y otros reforzando nuestra posición política contra aquellos que derriban pateras y que mandan ejércitos de ONG a salvar conflictos que son puramente expresión de la codicia del imperio o la desidia del mismo.
La abundancia es insolente y requiere de una nueva política que giré entorno a una nueva expresión de la izquierda sin perder los referentes del pasado porque ellos, los imperialistas, lo lobbys empresariales hacen uso del liberalismo del siglo diecinueve y no se desgarran las vestiduras, ni tampoco se llaman nostálgicos o románticos. Es cuestión de ideologías aunque los prefijos estén hablando del ocaso de las mismas. Sabemos que el neoliberalismo tiene su expresión en políticas restrictivas de derechos y en el uso de la violencia como instrumento apaciguador de las diferencias. Demos expresión a las nuestras, a las de izquierdas. No sólo en el ámbito social sino también en el económico. Hagamos nuestros los principios de la Declaración de los Derechos Humanos y ampliémoslos.