PAMPLONA. Los sanfermines recuerdan a música, baile, toros, kilikis, peñas, jolgorio..., pero pocos se acuerdan de la trastienda de la fiesta, conformada, entre otros muchos profesionales, por los sanitarios. Y es que los expertos en medicina juegan un papel clave y escondido en San Fermín, sobre todo, en la parte taurina del festejo, donde han sido capaces de sacar adelante heridas en apariencia imposibles. La enfermería de la Plaza de Toros de Pamplona ya es bastante mayor, tiene muchos años a sus espaldas y, desde hace dos décadas, apenas sí ha cambiado: las heridas siguen siendo las mismas y los tratamientos no difieren mucho.
En el ruedo hay dos caras, la del matador que arriesga la vida y la del médico dispuesto a actuar si algo sale mal. Ayer, ambas se juntaron en los Desayunos con salud , organizados por el Gobierno de Navarra y donde participaron los facultativos Ángel Hidalgo, cirujano de la Plaza de Toros y jefe del equipo; Héctor Ostiz, también cirujano y antecesor de Hidalgo; Miguel Salvador, jefe de anestesia del Hospital Virgen del Camino; y la consejera de Salud, María Kutz. Pero no sólo los médicos quisieron explicar su labor en las fiestas, sino que también los toreros Francisco Marco y Diego Urdiales, así como un corredor y herido del encierro, Javier Marroquín, contaron de primera mano las atenciones en la enfermería del burladero y destacaron la importancia de contar con un buen equipo sanitario.
LOS MÉDICOS
La feria se vive con "tensión"
El anterior jefe de la enfermería de la Plaza de Toros, Héctor Ostiz, fue bastante más pesimista ya que aseguró que dejó su puesto de coordinador de la enfermería con 57 años "cuando ya no podía más". "En la Plaza de Toros no sólo es necesario saber el oficio, algo imprescindible, sino que además hay que tener una actitud de ánimo y una capacidad de resistencia física y moral muy grande, porque cada día estás pendiente de qué va a pasar. Antes, lo único que hacía en la corrida era sufrir", confesó el cirujano. Por su parte, Ángel Hidalgo, aunque bastante más positivo, explicó que durante el encierro y la corrida "se vive una gran tensión", mientras que su compañero anestesiólogo, Miguel Salvador, destacó la "compenetración de los equipos", que les permite saber lo qué hacer "con tan solo una mirada".
A pesar de que la fiesta ha cambiado mucho en los últimos años, los facultativos aseguraron que en la enfermería no se ha notado la masificación puesto que los servicios sanitarios están más coordinados y se atiende a más heridos en la calle. En cuanto a las atenciones, "siguen siendo las mismas y su tratamiento se mantiene muy similar. Las heridas por asta de toro están muy descritas y son bastante repetitivas, por eso ya tenemos un mecanismo de actuación para prever el alcance y la manera de actuación", explicó Hidalgo. La única transformación de la atención médica en las últimas décadas ha sido el avance en el diagnóstico gracias a la incorporación de un radiólogo y un ecógrafo. "Sólo falta un escáner", bromeó Salvador.
Por otro lado, para la consejera de Salud, "el toreo es un arte y el ejercer la medicina también", por eso aseguró que "los médicos entendemos muy bien a los toreros y hay mucha afición entre el personal sanitario".
LOS TOREROS
¿Hechos de otra pasta?
Es un tópico, pero con algunos tintes de verdad. Los toreros se recuperan con una gran rapidez y en ello afecta en gran medida la motivación, aunque también la "buena forma física y de salud y la inmediata atención", señaló el jefe de la enfermería.
Tras una cogida se tiene "mucha voluntad para volver, enfrentarte al toro de nuevo y ejercer tu profesión", aseguró el diestro navarro Francisco Marco. Por su parte, Diego Urdiales se atrevió a confesar que "va con nuestra profesión esperar y desear, entre comillas, una cornada. Si te ocurre quieres volver y ver que no te ha quedado mella". Ambos matadores se sintieron afortunados al tener un equipo como el de Pamplona, ya que en algunas localidades "es mejor no conocerlo".
También el burgalés Javier Marroquín, que resultó herido en el encierro del 9 de julio de 2005, tenía palabras de agradecimiento hacia los médicos. Este ocasional corredor aseveró que, a pesar del riesgo, "no quieres morir sin correr el encierro".