ALVO en periodos de gran actividad terrorista, el paro se revela como la mayor preocupación de los ciudadanos. Con los nefastos datos de ayer, tal inquietud se ha tornado en desasosiego generalizado. Y no es para menos, por mucha vaselina que aplique Zapatero y también el Gobierno foral, ya que el desempleo ha crecido el mes pasado sobre el precedente un 1,57% en el Estado pero aún más en la Comunidad Foral (2,02%). No obstante, la peor parte se la lleva el Ejecutivo central, puesto que el paro no había subido en junio desde hace tres lustros y ahora lo ha hecho en 36.849 personas. Aunque lo dramático es que la previsión a futuro, por lo menos para el año venidero, resulta desalentadora en grado sumo. Según las previsiones contenidas en el informe anual Perspectivas del Empleo , España se convertirá en 2009 en el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con la mayor tasa de paro (10,7%), superando a Turquía (10,5%) y lejos del 6% de media de los treinta países miembros. Así que la situación se complica para todos y no digamos para el actual inquilino de la Moncloa, arrollada su contención verbal por la virulencia de los hechos, como ayer se pudo comprobar en el Congreso. Y es que, de acuerdo con los últimos sondeos, dos de cada tres súbditos españoles consideran insuficientes las medidas contra la "desaceleración" anunciadas por Zapatero y la mitad no confía en su Gabinete para remontar tamaña adversidad. En cuanto a Navarra, y más allá del puntual 2,02% de aumento respecto a este mayo (450 desempleados más), merece resaltarse que el paro ha subido un 18,45% (en 3.541 personas concretamente) el último año. Yendo al detalle, el desempleo este junio es un 74% más elevado en el sector de la construcción, un 16% en el industrial y un 12,5% en el de servicios. Así que comienzan a causar cierto hartazgo las recurrentes comparaciones con otras realidades territoriales, básicamente porque suenan a burdas justificaciones cuando desde luego no es moneda de uso común la capacidad de Navarra para generar oportunidades, gracias en gran medida al nivel de cualificación de sus trabajadores, a la calidad de vida y al autogobierno fiscal, clave para atraer inversiones. Por tanto, menos palabrería, más iniciativas gubernamentales y más exigencia por toda la oposición, socialistas incluidos.