pamplona. Su opinión quizá vale más que la de otras porque la pamplonesa Sara Ancheta conoce el antes y el después de la implantación del control de las visitas, que el martes entró en vigor en el hospital materno-infantil Virgen del Camino. Hace dos años y medio dio a luz a su primera hija, Aroa, y el martes, a las 7.45 horas, "muy madrugador" conoció a su segundo retoño, que llamarán Álvaro. Dos partos muy diferentes, el primero malo y complicado "y con un peor trato por parte de los médicos y enfermeras" mientras que el segundo fue "de maravilla" y con "mayor amabilidad". Tanto que no le importaría volver a pasar por el paritorio.
Pero sus dos visitas a Maternidad como paciente también se han diferenciado por la restrucción en el horario de visitas, una medida que Ancheta considera muy acertada. "Cuando quieres dormir, duermes; estás mucho más relajada y tranquila", asegura esta pamplonesa, que guardaba un mal recuerdo del trajín vivido en su habitación cuando dio a luz a su primera hija. "El primer día estaba tan cansada que pedí que no vinieran a verme, pero al final hacia las nueve de la noche apareció gente. Es normal", señaló Ancheta.
Esta pamplonesa, al igual que el resto, tiene tres tarjetas de visita. "Una permanente que ayer (por el martes) utilizaron mi marido, Arkaitz Barrena, y mi madre y dos para visitas", explicó Ancheta, quien considera que "para los médicos y enfermeras es mucho mejor ya que entran y salen sin problemas de la habitación y también para nosotras". Sin embargo, cree que quizá es un poco más molesto para el resto de los familiares y amigos. "Tienen que llamar a la habitación para hacer los turnos y bajar las tarjetas y, por ejemplo, si están todos los pases en la habitación les tienen que dejar subir y luego la visita debe bajar de nuevo para enseñarla en el mostrador", expuso Ancheta.