pamplona. Alguien escribió que "el primero que dijo tus dientes como perlas era un genio; el que lo repitió hasta la saciedad, un idiota". Salvando las distancias, la originalidad que imprimió el año pasado la reportera de TVE Yolanda Maniega, que cruzó el margen existente entre contar la fiestas y ser la fiesta (be water my friend ), ha dado paso a una original invasión de cámaras tambaleándose entre la masa morada (y ya en camino de la ebriedad) que abarrotaba la plaza Consistorial. ¿El ambiente de este año? Como siempre, aunque algo más posado que robado . Manteos algo forzados y la vista puesta en el objetivo (de la cámara) fueron algunos de los ejemplos que evidenciaron que mozos y mozas se encontraban este año algo más pendientes de verse a través de la pequeña pantalla (o de YouTube en su defecto) que de fluir con los primeros momentos sanfermineros. Los cámaras y los redactores, por su parte, se bamboleaban de lado a lado de la plaza y trataban de transmitir ese buenrollismo algo artificial de la tele a través de entrevistas a los más variados especímenes sanfermineros. Hasta la camisa blanca del Caiga quien caiga acabó teñida de moradokalimotxo .
Justo frente a la entrada del Ayuntamiento, envueltos en esas bolsas gigantes que son los chubasqueros, un nutrido grupo de fotógrafos se había hecho fuerte para inmortalizar el caos. Buen sitio para el objetivo pero malo para mantener el equilibrio, ya que, conforme el tumulto aumentaba, las olas de las mareas humanas se acercaban más peligrosamente al dique formado por los fotógrafos. En otro punto estratégico, el contenedor para vidrio ubicado frente a la joyería Alexander, un solitario cámara peleaba por no caer al vacío... de los mozos.
Desde las 11.30 horas la plaza estaba a rebosar. Aunque no tanto, teniendo en cuenta que era día 6 y domingo. ¿Será que los agoreros del cada día viene menos gente van teniendo razón? A esa hora, el blanco y rojo ya no era tal, fundidos ambos en ese morado kalimotxero que se pega al olfato (varios días) y a la camiseta (para tirar). Un cartel anunciaba Con las guiris podemos , con el mozo que lo sujetaba cual ave de presa, mientras que desde un balcón, cual Ozores moderno, se daba el ongi etorri a las swedish girls . Pero esta vez no hubo streaptease, ni sueco ni australiano, y la acostumbrada ostentación de generosidad femenina quedó reducida a la anécdota.
Quizás tuvo que ver el hecho de que, aunque amenazó pero no descargó lluvia, no era día de andar con todo al aire. A pesar de ello, la tradición de los cubos de agua se mantuvo, aunque más que enfriar los ánimos, eran éstos los que más pedían. Más y más, que ya no son 204 horas y hay que apurar los minutos.
música atronadora Aproximadamente un cuarto de hora antes del la hora H , se desplegaron cuatro grandes pancartas en medio de la plaza. Una ikurriña, un cartel en el que podía leerse Autonomia eta erabakitzeko eskubidea (Autonomía y derecho a decidir ), el logo de Segi (organización juvenil de la izquierda abertzale ilegalizada por la Audiencia Nacional) y una última pancarta de recuerdo a Germán Rodríguez, asesinado por disparos de la Policía hace ahora treinta años. En ese preciso instante, antes incluso de que las pancartas llegasen a desplegarse completamente, una atronadora banda sonora sanferminera comenzó a bramar desde los altavoces de la plaza consistorial. Sólo quedaban quince minutos... El estruendo de la música era tan fuerte que desde la zona de los periodistas en Casa Seminario apenas llegaban los gritos de los verdaderos protagonistas de la mañana, esa masa hacinada en una plaza que, vacía, siempre parece más pequeña. Quizás porque no se escuchaba, o porque este año los cánticos no calaron tanto, el ya clásico alcohol, alcohol... apenas se escuchó una única vez. La masa, en esta ocasión, era menos unitaria, ya que muchos pequeños grupitos se preocupaban más de hacer su gracia televisada.
Y por fin llegó el momento. Aunque unos instantes antes, el confeti blanco y rojo se encargaba de confirmarlo. Sí, ya está aquí. "Pamploneses, pamplonesas..." Ahora sí que la plaza está roja, con cientos de pañuelos esperando ser anudados al cuello. Suena el cohete y... ¡¡¡San Fermín!!! ¡¡¡San Fermín!!! Llegan esos instantes que, por mucho que lo intentemos, sólo se explican cubierto de cava y off the record .