pamplona. Tendrá que ser Alpe d'Huez el que aclare la clasificación del Tour, porque de la jornada de ayer, con lo que prometía a mitad de etapa, pocas conclusiones se pueden sacar, quitando el medio minuto largo que se dejó Menchov y la evidencia de que Vandevelde no es un corredor que pueda soñar con el amarillo en París. Los demás, todos juntos. El Tour sigue totalmente abierto, demasiado para lo habitual a estas alturas, con Frank Schleck de amarillo y Köhl, Evans, Sastre -que ya es cuarto- y Menchov con opciones.
La jornada de descanso sentó bien a los fatigados organismos y ayer nadie quería dejar escapar la previsible fuga que se iba a formar antes del primero de los dos puertos de categoría especial: el col de la Lombarde, frontera franco-italiana, a 2.351 metros de altitud. Tras numerosas tentativas frustradas, lograron su objetivo Le Mevel (Crédit Agricole), Voeckler (Bouygues Telecom), Dumoulin (Cofidis), Rosseler (Quick Step) y Stefan Schumacher (Gerolsteiner). Saltaron en el kilómetro 28 y en el 65 el alemán prefirió hacer camino en solitario. Vaya exhibición en la Lombarde. Casi diez minutos de ventaja logró en la cima con el pelotón, una diferencia que le hizo albergar opciones de victoria.
Mientras, por detrás se producían movimientos de hombres que en principio no eran peligrosos, pero que después lo fueron. Se marcharon 31 hombres, entre ellos Tadej Valjavec (Ag2r) y Damiano Cunego (Lampre), que llegaron a ser virtuales líderes del Tour -tuvieron más de siete minutos de ventaja en la Lombarde- ante la pasividad de un CSC que sorprendía con una táctica muy conservadora: todo el equipo al frente del pelotón, pero sin ritmo de caza -aguantaban hasta los velocistas-, que propició que saltara también Mikel Astarloza (Euskaltel), que también soñó por momentos con la general. De hecho, Egoi Martínez y Haimar Zubeldia se descolgaron del grupo de escapados para intentar llevarle, aunque finalmente no fue posible.
la sangre fría del csc Más de uno recordó entonces el Tour de 2006, aquel en el que el CSC de Bjarne Riis no quiso colaborar con el Caisse d'Epargne, lo que propició la espectacular remontada del posteriormente descalificado Floyd Landis. Parecía que al director danés le daba igual que se le escaparan hombres peligrosos. Pero esta vez el tiempo le dio la razón y ya en el descenso del primer puerto el trabajo de Cancellara y Gustov dio sus frutos. Las diferencias se reducían y los fugados ya no representaban un peligro.
Por delante, el apellido Schumacher ya no era sinónimo de velocidad. El esfuerzo le pesaba factura al teutón y el grupo perseguidor, ya reducido, le acabaría alcanzando. Eso sí, Cunego se descolgaba muy pronto, en las primeras rampas de la Bonette-Restefond, el techo de la historia del Tour y la carretera más alta de Europa, con 2.802 metros de altitud.
se hunde vandevelde Un puerto tan largo, 26 kilómetros, invitaba a pensar en una ofensiva del CSC, que no se puede permitir llegar a la contrarreloj del sábado con los especialistas contra el crono tan bien situados. Pero no fue así. De movimientos, nada. Entre que la etapa de hoy asusta y que soplaba viento de cara, los favoritos soldaron sus ruedas y, pese al gran trabajo de Andy Schleck, poco o nada se vio, salvo el hundimiento de Cristian Vandevelde. Sorprendía que el estadounidense, eterno gregario, se codeara a sus 32 años con los mejores del Tour, pero ayer la carretera le puso en su sitio natural, lejos de los primeros espadas, entre los que se mantuvieron Sastre, Valverde y Samuel Sánchez.
Pero quien coronó primero la Bonnete fue el surafricano del Barloworld John Lee Augustyn, sucediendo en el palmarés de la cima a Federico Martín Bahamontes y al escocés -hoy escocesa tras su cambio de sexo- Robert Millar, con 24 segundos de ventaja sobre Cyril Dessel (Ag2r), Sandy Casar (Française des Jeux), Yaroslav Popovych (Silence-Lotto) y David Arroyo (Caisse d'Epargne), los supervivientes de la fuga. Pero el Barloworld no gana en este Tour para disgustos y Augustyn se salió de una curva y cayó en el descenso por un terraplén, cuando ya le habían neutralizado. Milagrosamente no sufrió daños de consideración, pero quedó eliminado de la lucha por la etapa, ya que su coche tardó una eternidad en llegar con una nueva bicicleta. Mientras, el sprint entre los cuatro fugados se lo anotó Dessel, un ciclista renacido tras un calvario de lesiones.
Restaba un descenso de 23 kilómetros en el que lo único reseñable fue la enésima desgracia de Menchov, que bajó con mucho miedo y se quedó cortado, cediendo en meta 35 segundos que le dejan ya a más de un minuto de Frank Schleck.