RAS el atentado de ETA del pasado 19 de mayo, en Getxo y mediante furgoneta-bomba, el ministro del Interior reiteró la consideración que desde los centros del poder suele hacerse en esos casos: "Los terroristas que han hecho esto serán detenidos más pronto que tarde y acabarán con sus huesos en la cárcel". Los jueces tendrán que determinar si los jóvenes arrestados en Vizcaya, Galicia y Málaga han tenido que ver, y hasta qué punto, en los atentados que desde ayer se les vienen atribuyendo, pero lo que nadie podrá negar es que las detenciones se han producido justamente al día siguiente de que estallasen cuatro bombas de ETA en las playas cántabras de Laredo y Noja. Esta diligencia en la respuesta a la acción terrorista demuestra que las fuerzas de seguridad mantienen un estricto control sobre los activistas de ETA, circunstancia que hace pensar en la frecuencia con la que tanto en el Estado español como en el francés se producen detenciones inmediatas a los atentados. Tenía razón Rubalcaba, y la tenía también en su pronóstico de "más pronto que tarde", puesto que está comprobado que la vida activa de los comandos de ETA es cada vez más efímera. Las edades de los detenidos son significativas por su juventud y, caso de demostrarse que hubieran participado en todos los atentados que se les imputan, les espera una muy prolongada estancia en prisión. Deberían reflexionar quienes desde la autoridad de su condición de políticos se han dedicado a adoctrinar a varias generaciones animándoles al ejercicio de la violencia como método para la reivindicación política, una violencia tan atroz como estéril que en muchos jóvenes comienza por la algarada callejera, sigue por la presión y la amenaza, para luego pasar al cóctel molotov, al servicio de delación y, de ahí, el salto al vacío de la clandestinidad. Deberían reflexionar quienes alentaron el activismo de tantos jóvenes que hoy están huidos o en la cárcel, cómo pudieron causar tanto daño, cómo dilapidaron su futuro, cómo derrocharon los mejores años de sus vidas en un destino macabro que les convirtió en proscritos para la mayoría y sólo en héroes o mártires para una inmensa minoría, cada vez más residual. Son ya varias generaciones las protagonistas de escenas como la de ayer. Algo habrá que hacer para impedir que sigan repitiéndose.