Riiinnnggg… suena el teléfono, esta vez en dos hogares de Navarra.Hace unas pocas horas en los hogares de Alfonso y José Antonio todo transcurría como un fin de semana habitual en el que se preparaban para acudir a la cita con unos amigos con la idea de aprovechar una agradable mañana de un domingo practicando su deporte favorito: el ciclismo
Una cita para disfrutar de la compañía de unos compañeros que, como ellos, han elegido hacer deporte encima de una bicicleta, y nada podía hacer pensar en las tristes llamadas que horas más tarde entrarían como un desgarro en las vidas de dos hogares navarros.
En el mismo momento en que Alfonso y José Antonio montaban en sus bicis, no lejos de allí un inconsciente, desalmado, montaba en un coche que nunca debió de arrancar y conducir, pero nada ni nadie se lo impidieron y este irresponsable se cruzó en el recorrido de nuestros compañeros cortando la vida de Alfonso y marcando el futuro de José Antonio y de todos los que hemos elegido el ciclismo como ocio y deporte.
Probablemente las estadísticas digan que no son tantos los ciclistas atropellados y/o muertos en accidentes de tráfico, pero un sólo accidente es ya demasiado y si conlleva acabar con una vida y destrozar una familia es además inadmisible e intolerable en el momento actual.
A diario leemos y escuchamos las mejoras que se están realizando en las infraestructuras viarias para mejorar la seguridad de los coches, las motos, los peatones, pero ¿quién piensa en los ciclistas? Dadas nuestras características de ser un híbrido entre los vehículos y los peatones, somos invisibles para las Administraciones y nunca llegan las mejoras que desde hace años solicitamos para garantizar el disfrute de este bello deporte dentro de las carreteras actuales.
Sabemos que es posible adaptar mejoras, y que hay propuestas para ello, pero hace falta una verdadera voluntad que lejos de mirar en la rentabilidad política mire a los hogares destrozados por este tipo de accidentes en gran medida evitables.
¡Basta ya de llamadas a hogares para comunicar que su esposo, padre, hermano,…, ha sido atropellado! ¡Basta ya de falsas promesas y balances estadísticos!
Que la muerte de Alfonso y las lesiones de José Antonio sean las últimas de esta lenta sangría que sufrimos los ciclistas.
Nuestro apoyo y solidaridad en su dolor a estas familias destrozadas, y nuestro desesperado grito:
¡Respétanos vivos - errespetatu bizirik!