S ALINAS de Ibargoiti volvió a disfrutar un año más, como cada último domingo de julio, de su ya tradicional Día de la Trilla.
Los actos comenzaron a las 9 de la mañana, con una exhibición de siega a mano, a la antigua usanza, con hoz y zoqueta. A pie de campo se encontraba, metido en faena, Santiago León, de Olóriz, que apuntaba que lo mejor de esta actividad era el recuerdo. "Me gusta recordar cómo lo hacíamos, aunque nos ha tocado tantas veces, lo mejor es el revivir". A sus 72 años, aseguraba que el truco es la práctica. "Dormíamos en el campo y muchos días con la luna estábamos segando, para evitar la calor, y continuábamos durante el día hasta que nos agotábamos".
Junto a él se encontraba Fermín Montes, de Rocaforte, incondicional de la fiesta del campo, que lleva participando en la exhibición de siega a mano desde el primer año, y ya son once. En un momento de descanso, desvelaba el truco de esa labor. "Acompasar bien las manos: con la derecha cortas y con la izquierda, coges lo que vas a cortar y después aguantar la mies, pero la experiencia te la da la obligación del trabajo", aseguraba.
Además destacaba que la Fiesta de la Trilla es un acontecimiento que "está bien para los jóvenes, que aprenden cómo era, y para los mayores, para el recuerdo nostálgico". La verdad es que los presentes pudieron atestiguar los importantes cambios que ha experimentado nuestra sociedad rural en los últimos tiempos. "La evolución ha sido total, antes el mayor invento era la hoz, luego llegó la segadora tirada por caballos y después la cosechadora" indicaba Montes.
SIEGA A MÁQUINA A las labores a mano, le siguió una exhibición de siega con máquina atadora. Esta innovación tecnológica de su época marcó un antes y un después. "Lleva una segadora, después el molinete que echa el cereal hacia arriba y la lona que lo sube a la atadora que ata y dispara la gavilla", apuntaba Montes. A lomos de este artilugio iba Kiko Goñi, que se encargaba de subir y bajar el corte y de elegir el lugar del atado -"más cerca de la cabeza o del culo"- de la mies. No hay que olvidarse de Patxi Olleta, que estaba al volante de un tractor Mccormick-Deering, una joya americana de 1928. Una vez que esta pareja realizaba la siega, otro grupo recogía las gavillas en un remolque, al estilo de antaño, bajo un persistente calor.
exhibición de tractores La fiesta, en Salinas de Ibargoiti, continuó con una exposición de tractores y maquinaria antigua. Los presentes rodeaban cada una de estas reliquias tratando de buscar su fecha de fabricación y procedencia, y qué decir de los más pequeños, que disfrutaban de lo lindo al volante de estos caballos de hierro. Uno de los propietarios, de estas piezas de museo, era Ignacio Valencia que, al frente de la organización, daba todo tipo de explicaciones sobre estas joyas. "Hay comprados en Francia, Barcelona..., pero al que más cariño le tengo es al Deering de ruedas de hierro, de 1928". "Lo difícil no es localizarlos, sino hacerlos andar. Cuesta encontrar piezas, pero hoy en día con Internet se consigue de todo", aseguró Valencia.
la Trilla Otro de los momentos estelares de la jornada rural fue la exhibición de trilla. La protagonista fue una Ajuria Nº 0, una trilladora de los años 50, que revolucionó espectacularmente las labores del campo. "Te permitía trillar unos 60 ó 70 robos para el mediodía y otros tantos por la tarde", comentaba Ángel Mari Idazabal. "Lleva unos cilindros que van cruzados que permiten separar la paja del grano", matizó.
Entre los cerca de 800 asistentes, se encontraba Fermín Zudaire, de Ibargoiti, quien dijo que lo que más le había gustado fue la segadora "porque me parece curioso que salgan los montones ya atados de la máquina". Por su parte, Inmaculada Olave, de Pamplona, comentaba que le había parecido "muy interesante" porque "vemos cómo trabajan mientras mi madre nos lo explica". "En casa tenemos aperos antiguos, pero aquí los ves en la práctica", puntualizaba. En definitiva, un buen día para volver al pasado.