aquel día, 26 de agosto de 1983, había amanecido con un cielo gris plomizo, con la humedad acumulada de los días anteriores y sin augurar cosa buena, pero tampoco tan mala como se vería luego. De pronto comenzó a llover, y con la tormenta empezaron también a llegar las malas noticias: Bera se había inundado a las 7.30 horas de la mañana y también Etxalar y Lesaka, el Ugarana se había desbordado en Urdazubi-Urdax, en Zudaire (en Laburdi, cerca de Ezpeleta) el agua había arrasado un camping, luego llegaría información del desastre en Sakana y otros lugares... y luego ya sería lo de Bilbao.
"La primera riada fue hacia las siete y media de la mañana, recuerdo que el nivel del agua llegaba hasta la manilla de la puerta de casa", recuerda Josu Goia, ex alcalde de Bera y uno de los referentes de la historia de la localidad. Eso ocurrió en el comercio familiar existente en el número 5 de la calle Altzate, donde Josu Goia salió de casa y una vez que descendió el caudal se dedicó a "desatascar alcantarillas para que corriera el agua, y entonces llegó la segunda crecida, cuando ya había amanecido".
En el cercano bar Errekalde el agua llego a 1,80 metros de altura, y tras la primera oleada, cuando el nivel pareció estabilizarse, por las calles avanzaba un auténtico mar de un metro de altura, tras lo cual la localidad se quedó sin energía eléctrica. Después, todo Bera, desde la calle Eztegara hasta las primeras estribaciones de la subida a Ibardin, quedó convertido en un barrizal, repleto de piedras, troncos y todos los restos que arrastró la tromba.
Goia recuerda que el problema se inició en el puente de Itzea, junto a la casa de los Baroja, que era estrecho y absolutamente incapaz de contener el aluvión que traía Xantelerreka, la regata que discurre en las proximidades.
Después, la que se desbordó fue la regata Zia, cuyos pequeños puentes se cegaron por los troncos y maleza que arrastraban las aguas, que se fueron acumulando hasta salvar todos los obstáculos, inundar la plaza de Altzate y correr libremente por toda la calle del mismo nombre, inundando y arrasando todo lo que encontraban a su paso.
Los hermanos Rosa y José Antonio Totono Errandonea, que poseen y enriquecen cada día un auténtico archivo histórico de Bera, con cientos de fotografías y miles de recortes y noticias de prensa, enseñan las informaciones publicadas en aquellas fechas: "Vera de Bidasoa: una angulera parcialmente destruida y comercios vaciados. Inundado el taller de Rudi-Sport. Vera de Bidasoa, un metro de agua por sus calles y sin energía eléctrica. Coches y muros arrastrados por el agua".
En Etxalar, la riada barrió una decena de pequeños puentes construidos hasta un siglo atrás, en Lesaka el Onin que cruza la villa se desbordó en numerosos puntos e inundó comercios y bajeras, causando daños de importancia, pero Bera fue "la población mas afectada con cuantiosas perdidas", que se llegaron a cifrar en 500 millones de pesetas "de las de entonces".
"Fue tremendo", recuerda Josu Goia, que recientemente advertía que las riadas son cíclicas y que el día menos pensado pueden volver a producirse. En su opinión, en estos 25 años las sucesivas corporaciones municipales han ampliado algunos puentes para intentar paliar otra posible avenida, pero no pueden hacer mucho más porque chocan con una barrera insalvable: la Confederación Hidrográfica del Norte que no les permite llevar a cabo determinadas obras de mayor calado. Y en Bera, como en otros lugares que resultaron afectados, los vecinos recuerdan con temor aquella tromba impresionante.