pamplona. Nacho Iturria ha sido nombrado capellán de la cárcel de Pamplona y delegado diocesano de la Pastoral Penitenciaria. Transcurridas unas semanas en el cargo, hace un balance "muy positivo". Destaca la buena acogida que ha recibido por parte de los internos, dirección y funcionarios y asegura que ha habido feeling con los presos: "Cuando digo que es un ambientillo que me gusta, la gente me mira un poco con sorpresa". Su propósito es ayudar a los internos a "mirar hacia delante con alegría y con esperanza".
La primera vez que cruzó los muros de la cárcel de Pamplona, ¿qué es lo que más le sorprendió?
Encontré bastante buen ambiente entre los funcionarios, los directivos y los internos. También está la figura del antecesor, Antonio Azcona, que llevaba más de 30 años y ha dejado buen recuerdo. Siempre la figura del capellán está bien vista por todos.
¿Cómo afronta esta nueva etapa como capellán de la cárcel?
Con mucha alegría, la verdad. Creo que es un regalo de Dios porque Dios quiere que les lleve alegría, porque a mí me da mucha alegría. Les digo que a lo mejor el único que está contento de estar ahí dentro soy yo (ríe).
¿Cómo vive un día normal dentro de la cárcel? ¿Qué hace?
Hay como tres campos en la pastoral de la Iglesia en la cárcel: los talleres formativos, las salidas extraordinarias y la liturgia, los sábados y domingos. Éstos serían los tres campos que desarrolla la Pastoral Penitenciaria y que yo, como capellán, coordino. Un día normal me paso por los talleres para animar un poco a los voluntarios de la Pastoral que los llevan, ver qué se hace, qué necesidades tienen, coordinar a los monitores en actividades extraordinarias, programar alguna otra salida y los fines de semana, presidir las celebraciones junto con el diácono y con un voluntario, el padre Sagüés, jesuita. A nivel personal, diariamente me paso por los módulos, los pasillos, el patio, la biblioteca, el frontón y hablo con los internos. Uno te puede pedir confesión, otro simplemente quiere hablar, si ves a uno con mala cara decirle una tontería y que se ría. Luego están los pequeños favores que te piden: que se les ha estropeado el reloj, que le hace falta una pila, que se le ha acabado la tarjeta telefónica y a ver si le consigues una. En realidad no piden mucho, son pequeños favores que consulto con la dirección del centro si puedo o no realizar. También está la coordinación con los educadores, trabajadores sociales o los que llevan el área de deporte.
¿Qué mensaje les transmite, además de la palabra de Dios?
El mensaje último es lógicamente la palabra de Dios y llevarles a la fe en Jesucristo, pero para llegar ahí hay que realizar todo un camino. El mensaje de Jesucristo se resume en el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo, pues el intentar llevarlo a la vida y eso supone vivir el amor, la alegría de la esperanza. Ése es el mensaje, la alegría de la esperanza.
¿Cómo transmite esperanza a más de 200 personas que han vivido historias generalmente muy tristes?
Llevando esa misma esperanza, llevando alegría e intentando sacarles un poco. Muchas veces ellos, como todos nosotros, nos encerramos en nuestros problemas y basta que venga alguien de fuera y te haga ver que tampoco es para tanto, que te lo puedes tomar de otra manera, que también te puedes reír de tus mismos problemas, que se puede aceptar la realidad que uno tiene. Lo que uno no puede cambiar a veces, lo puede aceptar y vivirlo de otra manera.
¿Son receptivos a sus palabras?
Son mucho más receptivos que la gente de la calle, al estar en una situación con más necesidad uno también es más humilde y recibe mejor. Los de la calle todos estamos necesitados de esa misma esperanza pero nos creemos autosuficientes y entonces hay menos receptividad. Hay mucho más respeto y mucho más cariño hacia la figura del sacerdote entre los presos.
En la cárcel de Pamplona hay presos de diferentes creencias. Aparte del capellán, ¿no se deberían introducir sacerdotes de otras religiones?
Sí (dice en tono dubitativo), pero son las otras religiones las que tienen que cuidar de sus fieles, ¿no?
Mucho se habla de las malas condiciones en las que se encuentra la prisión de Pamplona. ¿Considera que urge crear una nueva cárcel?
Esto tiene sus pros y sus contras porque si se hace una nueva cárcel mucho más grande, con muchos más internos, pierde lo que tiene "de familiar", que es también una gran ventaja, el que no sea excesivamente masificada y el trato que hay entre internos y funcionarios. Ahora se ve cuidada, limpia, pero la misma imagen de muros, de barrotes, de puertas antiguas, da una impresión más fuerte y luego falta espacio. Falta espacio en el patio, en los pasillos, en un par de salas. Para el número de personas que están, si va a estar uno muchos años ahí dentro, no sé si eso le va a ayudar para equilibrarse o le va a desequilibrar estar, como algunos, 10 años en un patio y un pasillo.
¿Se ve mucha droga en la cárcel?
Yo no veo, dicen que sí.
Las películas describen las cárceles como lugares inhóspitos donde sobrevive el más fuerte. ¿Hacen justicia a la realidad?
Por lo menos en la de Pamplona no se ve, hay bastante calma. Lógicamente hay grupos por amistades, por edades, pero no se ven bandas rivales, ni peleas, como excepcionalmente hay en otros sitios. Tengo experiencia de cárceles en República Dominicana y esas sí son de película. Hay bandas, violencia, motines y revueltas. Aquí hay bastante calma y, de hecho, uno puede pasear por todo el centro y hablar con unos y con otros con toda la libertad y con toda seguridad. No voy con miedo.
Se tiende a pensar que el delincuente tiene mal fondo, ¿se puede ser delincuente y buena persona?
Se puede ser un delincuente y ser víctima, a pesar de haber hecho algo malo. La moral cristiana lo que dice que está mal es el acto humano, el acto humano es cuando es plenamente responsable, consciente y libre. Entonces hay personas que si hubiesen estado en otras circunstancias, hubiesen recibido otra educación, no habrían hecho lo que han hecho. Entonces a lo mejor lo han hecho sin plena libertad o sin pleno conocimiento. Son buenas personas, pero habiendo nacido en ese ambiente no les ha quedado otro remedio. No es que todos sean completamente inocentes. Ahí está el misterio de la libertad del hombre, pero sí que hay muchas personas que están ahí porque han nacido donde han nacido, por las taras a lo mejor psicológicas que han tenido, la familia o la no familia. Lo mismo que muchos de los que no hemos hecho nunca nada nos ponen en sus circunstancias y habríamos sido iguales o peores.
¿Son las cárceles necesarias?
Son necesarias, lo que sí es verdad es que se pueden mejorar mucho.
¿De qué manera?
Haciéndolas menos masificadas, invirtiendo medios para que sean más humanas, cuidar que tengan una buena formación tanto de monitores, asistentes, educadores, que los hay, pero a lo mejor no llegan al número que hay. Si se consigue que sean lo que tienen que ser, no sólo como un castigo ejemplarizante que haga que los que estamos en la calle no nos atrevamos a delinquir, a parte de eso, nos queda otra función, que es reinsertar, reeducar a la persona.