PAMPLONA. Osasuna no mantuvo su estilo inicial y empujado definitivamente por la ansiedad, cuestión que va a marcar estas jornadas de búsqueda de la salvación, volvió a no encontrar soluciones y así, a la postre, caer otra vez ante un rival directo y flojo. Ziganda y los suyos encajaron por sorpresa un gol del rival y, a partir de entonces, jugaron con las evidentes dosis de precipitación y presión, ejecutando un guión poco acertado que no estuvo a la altura de la historia.
Como hace unas semanas, en otro encuentro con la misma ambientación y rival directo por la permanencia -ante el Betis-, bastó el gol suertudo del visitante para que Osasuna saltara por los aires y, con él, las posibilidades de reacción, voltereta o remontada. Obraron ayer también cuestiones como la falta de puntería, la fortuna del rival -su único tiro a puerta de la primera mitad fue gol e hizo poco más- y las decisiones arbitrales claramente contrarias a los intereses de los locales -este caos va por barrios-. Pero todo esto también participa en el juego y lo que se le exige a Osasuna, la reacción, la reconsideración de la situación cuando se presentan las dificultades -el tanto de Sinama-, ayer no llegó.
Osasuna ha hecho una invitación para el regreso de los problemas y con la derrota de ayer, salvo cambio radical -las dichosas dos victorias consecutivas que no llegan en toda la temporada-, se ha abrazado a un sufrimiento extremo hasta el final de la Liga. Un dolor.
Y lo más doloroso es que el desarrollo del partido habla durante un rato de algo muy distinto. Osasuna hizo méritos suficientes en el primer tiempo para decantar el envite hacia su lado con autoridad. En su lista de méritos incluso se contabiliza un gol anulado a Miguel Flaño a los 14 minutos. La jugada fue de las que califican a un mal asistente, salvo defecto de visión por colocación perniciosa. Con el disparo de Juanfran sólo había defensas del Recreativo delante de su portero; si entre el lanzamiento y la rechace del meta aparece un atacante rojillo, nunca puede haber ocupado antes una posición antirreglamentaria. Antes de esta acción, Sola no acertó a encontrar la puerta tras revolverse bien en el área y, después, el portero Sorrentino se lució ante un remate de Plasil y un despeje mal dirigido de Rubén.
Osasuna, que se había lanzado a por la victoria convencido de lo que se jugaba y arropado por una grada fiel, se desencajó con los líos consecutivos en los que fue tropezando el partido. Las triquiñuelas, caídas teatrales y empellones de algunos jugadores del Recreativo sacaron de sus casillas a otros tantos osasunistas. Bajó el ritmo, que no el control de la situación, y decreció también la peligrosidad de las ocasiones. Sin asomo de susto estaba el Recreativo, cuando Sinama, que estaba siendo uno de los revoltosos con la defensa de Osasuna, expuso su condición de velocista en un balonazo infame largado desde la defensa y, tras unas zancadas para poner tierra de por medio ante Miguel Flaño, controló el melonazo y marcó con suficiencia por entre las piernas de Ricardo, también sorprendido ante semejante aceleración -del delantero- y celeridad -de la jugada, con la pelota volando de área a área y a la red-.
La segunda parte de Osasuna fue una declaración de intenciones, de valentía, de deseos de ganar, pero también de precipitación plena y de fútbol no meditado, mal gestionado. Ziganda dejó al joven Jokin en el vestuario -el chaval había ensanchado el juego de ataque de Osasuna- y sacó en su lugar a Dady dispuesto a atacar sin retorno el partido y el resultado ante un rival flojo. El juego de los rojillos no mejoró con esta propuesta de ataque denodado y, con el Recreativo metido en su campo, las oportunidades llegaron por insistencia más que con ciencia y todas ellas trituradas por una patente tensión. Como el fútbol acepta lo opuesto en el mismo aliento, aún sin juego llegaron ocasiones más o menos claras por mediación de Dady y, fundamentalmente, por la cabeza de Miguel Flaño, que remató al travesaño un córner. Osasuna terminó siendo la viva imagen de la desesperación, viéndose tumbado por un contrincante directo con un juego inferior. Los apuros han vuelto porque ayer no hubo solución.
l Una y gol. El Recreativo tiró tres veces a puerta en todo el partido y la primera vez que lo hizo, marcó. La puntería de los rivales se está volviendo letal con un porcentaje abrumador de eficacia. Los últimos visitantes hacen muy poco para ganar a Osasuna en el Reyno.
l Rojillos desmelenados. Osasuna volvió a completar números de equipo mandón. Cinco oportunidades de gol, en ocho lanzamientos entre los tres palos y otros tantos fuera, no está nada mal. Además, hasta en 41 ocasiones se colgó un balón sobre el área rival.
l Blandos, no hace falta más. El equipo de Ziganda hizo siete faltas en todo el partido -cuatro y tres-, lo que denota que la intensidad defensiva de los rojillos no necesitaba ser precisamente elevada para detener a un rival que ofreció una mala imagen. Que ganen los malos es mal final. Y peor síntoma.
l El equipo. Ziganda se decidió por la presencia de Astudillo en el eje y del canterano Jokin en la banda derecha, con lo que Juanfran se recolocó en la izquierda. En la segunda parte se jugó con dos delanteros.